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Ice Age 4: la formación de los continentes

Después de las brillantes Ice Age y Ice Age: el deshielo, la trilogía tuvo un final que no estaba a la altura. Por suerte, la saga ha remontado de forma espectacular en esta cuarta entrega. Una maravillosa película que no sólo resulta prodigiosa a nivel visual (sus secuencias de animación son extraordinarias, el naufragio y las olas parecen sacados de La tormenta perfecta y esa forma de moverse a través de paisaje), sino también ingeniosa en su contenido. Desde que Scrat asoma su morrito en la pantalla buscando dónde enterrar su querida bellota hasta el reencuentro con el trío protagonista, a cuya manada se suma ahora la abuelita de Sid (personaje increíblemente divertido y verdadero roba escenas, esperemos que repita en futuro) y ese barco-iceberg pirata, no hay un sólo segundo en el que la película desfallezca. Hay momentos divertidos, emotivos, sorpresas, aventuras, continentes que se mueven… El guión está tan bien hilvanado que no sobra ni una coma, e incluso se permite un cierto guiño a Disney con ese pequeño numerito musical a bordo y el que acompaña a los créditos finales. Hay otros guiños cinéfilos (que no voy a revelar), tan acertados como encantadores, que no hacen más que animar una historia que va creciendo hasta desembocar en un clímax impresionante donde se nos olvida por completo que estamos ante una película de animación para toda la familia. La cámara no se conforma con permanecer estática y se mueve en busca de planos aéreos, contrapicados y secuencias impecables. Ice Age 4 lo tiene todo y aunque cede algunos diálogos a lo difícil que es ser adolescente, nunca se encalla en la moralina forzada. La hora y media se hace tan corta que habrá que buscar alguna excusa para comprar el DVD en cuanto salga.

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