Archivi Blog

El último líder

_67482749_clough_ferguson_shankly_com

Un tipo que sabe de vinos, como Alex Ferguson, no bebe con cualquiera. Aquella tarde de 1996 eligió un salón privado del Midland Hotel: fachada red, arquitectura victoriana, centro pijo de Manchester. Una sala sin cuadros ni fotos, aséptica para los businessmen londinense que la pueblan a diario con reuniones pegados de hora… y una cueva mítica en la historia del Manchester United: allí firmó Eric Cantona su pasaporte red devil. Un hotel clasista por dentro y rojo por fuera, donde se hallaban tres tipos a los que muchos acusan exactamente de lo mismo: Tony Blair, entonces líder laborista y a un año de convertirse en primer ministro, su gurú en comunicación, Alastair Campbell, y el propio Ferguson, con diez años ya de experiencia en el banquillo del Man U. O sea, de los tres, el más famoso. Tony Blair finalizaba su asalto para quitarle la caspa a la izquierda inglesa a base de champú New Labour. Ferguson, copa en mano, le daba un par de lecciones sobre el liderazgo, como recuerda él mismo en una entrevista com Alastair Campbell aparecida en NewStatesman: “Mientras consigas que toda tu gente clave pueda permanecer en una misma habitación al mismo tiempo, no tendrás problemas”. Una década mas tarde, trabada una sólida amistad y una admiración recíproca, Tony Blair volvió a llamar a coach Ferguson. La habitación se le había ido de las manos. El capitán de su equipo, Gordon Brown, responsable de economía, pugnaba por hacerse con su cargo. ¿Qué harías si tuvieras un jugador brillante pero realmente difícil causándote problemas?” “Me desharía de el” “¿Y si después de deshacerte de él lo siguieras teniendo en el vestuario y en la plantilla? “Eso ya sería otro problema”… El propio Tony Blair relata la anécdota en sus memorias. Ferguson siempre vio Blair en el terreno de juego como un “delantero centro”. El perfecto killer. A su juicio, Gordon Brown, no pasaría de “mediocentro defensivo”. Si las elecciones son como una competición de futbolistas a ver quién vende más camisetas, ¿a quién elegiría la gente? ¿A Wayne Rooney o a Darren Fletcher? Pues eso. Alex Ferguson siguió entrenando al United llevando muchos años sin que nadie se le suba a las barbas. Tony Blair perdía el gobierno meses más tarde sin elecciones de por medio en manos de Brown. Y éste, líder mediocre, rubricó el hundimiento del laborismo cual López Caro en el banquillo madridista: el hombre equivocado en el lugar equivocado. El fútbol, la política, las carreras de caballos y el vino son, por este orden, las pasiones de Alex Ferguson. Y es igual de desmedido con cualquiera de ellas. En España, como entrenador de fútbol, se lo perdonarían todas menos una: ser socialista. Furibunda, genética y vocingleramente socialista. Con el cadáver de Zapatero caminando sobre el caballo como el Cid, Sócrates fuera de Portugal y Alemania, Reino Unido, Francia e Italia en manos del centro derecha, a la izquierda europea sólo le queda un mandamás de peso: Alex Ferguson. Eso sí, a la hora de la verdad, su criptosocialismo obrero sigue cayendo frente a esa izquierda leída, burguesa y con corbatas finas de Guardiola. Dos Champions a cero. Y lo del Barça es de gauche, que esos juicios no los carga el diablo, sino del propio Pep: “hacemos un juego muy de izquierdas, todos hacen de todo”. Pero Sir Alex es como un viejo sindicalista: nunca se desmoraliza. Y disfruta haciendo campaña, como un hincha caminando el domingo hacia Old Trafford con el City esperando en los vestuarios. Y no se esconde. Mayo de 2011. El Labour se huele la catástrofe en las elecciones al Parlamento de Escocia. ¿Solución? Llamar el escocés más famoso, con permiso de Sean Connery (por cierto, gran defensor del independentista SNP y rival político de Fergie). El partido identificó 10.000 hogares “electoralmente indecisos”, que recibieron una misiva firmada de su puño y letra por un tipo con 12 Premierleagues en el bolsillo. Por el estilo, o la escribió él mismo o un asesor muy bueno: “Estuve en Alemania el martes jugando contra el Schalke, en España viendo el Real Madrid-Barcelona el miércoles y de nuevo a casa para ver a los jóvenes del United contra el Arsenal el jueves. Pero no importa lo ocupado que esté. Siempre encuentro tiempo para saber qué está pasando en Escocia. No sólo en la escena futbolística. También en política. El jueves es un gran día y espero que mi equipo, el Labour Party, saque un buen resultado”. Y no se trataba sólo de un eslogan político-futbolero. Ferguson disertaba después sobre cómo conseguir que Escocia vuelva a generar empleo y se lanzaba a una diatriba anti-independentista con más intención que un centro con rosca de Ryan Giggs: “Leo mucha Historia y hay muchas evidencias de que en tiempos de dificultades económicas, el auge del nacionalismo puede ser un gran error … Sería una distracción de lo que realmente le importa a la gente: economía, empleos, escuelas y hospitales. El Labour es el mejor equipo para las familias escocesas”. Al final, el morrazo de Iain Gray, candidato laborista, fue notable y los nacionalistas obtuvieron la mayoría absoluta. Pero Ferguson sudó la camiseta. ¿Os imagináis Pep Guardiola mandando un mensajero similar a los votantes de ERC? ¿O Vicente Del Bosque, un progresista que siempre ha mantenido sus convicciones políticas lejos de los focos, firmando pasquines del PSOE? ¿Os imagináis a los tertulianos de Intereconomía desosando y chupando luego las altas del que osara dar un paso semejante? Ferguson vivió sus colores desde joven. “Mi padre era de izquierdas, así como la mayoría de la gente de donde vengo. Nací en un barrio obrero de Glasgow, Govan, y nunca perdí el sentido de la comunidad. Crecí creyendo que el laborismo era el partido de los trabajadores y lo sigo creyendo”. Y sabe lo que es currar. Mientras marcaba goles como delantero en el Queens Park de Glasgow, trabajaba en los astilleros de Clydeside, donde era enlace sindical… y ya impartía ordenes: llegó a encabezar un paro ilegal en lucha por mejores condiciones salariales. Pero, además de la sudorosa herencia de familia, Ferguson recuerda una imagen que le hizo guardar al Labour la misma fidelidad que al Manchester United: “Mi madre estaba muriendo en noviembre de 1986, dos semanas después de llegar al United. Agonizaba en el hospital Southern General de Glasgow. Un horro, los revestimientos colgando de las cañerías, doctores y enfermeras explotados… y muy poca dignidad en todo aquello. Siempre he visto al Laborismo como el partido que provee la mejor Sanidad para la gente y los Tories como los que se preocupan sólo por los ricos. El NHS (la seguridad social británica) está definitivamente mejor tras 12 años de Laborismo”. Su conclusión tiene algo de simplona, como un niño definiría una película de buenos y malos. Vive y piensa la política como el fútbol. Como un hincha. Así es Ferguson. Carné red, camiseta red, carrillos red. A Ferguson le tocó vivir las mieles del New Labour gracias a un Tony Blair que hizo posible “la unión entre socialismo y éxito”. Una definición que bien podría aplicar a su modo de conducir el United. La retórica seductora del ex primer ministro nada tiene que ver con los rudos modales del escocés malhumorado, pero ambos trazaron a la perfección el camino hacia el éxito, liberaron sin temblores a los suyos, cortaron cabezas cuando tocaba, controlaron la comunicación con maestría y dejaron siempre claro quién mandaba: ellos mismos. Ferguson no está solo. Igual que los buenos entrenadores que triunfan en Italia son casi siempre de derechas (Helenio Herrera, Trapattoni, Fabio Capello, Mourinho), y en la aburrida y despolitizada España no hablan de sexo ni política en publico, en Inglaterra los mas grandes siempre han sido de izquierdas o escoceses. O ambas cosas a la vez. En octubre de 2009 se hizo una encuesta en Inglaterra para conocer a los mejores entrenadores de todos los tiempos. Ganó Ferguson (26%), por delante del intruso Bobby Robson (14% debido a su fallecimiento tres meses antes), Bill Shankly (9%) y Bryan Clough (8%). Ferguson y Shankly nacieron en Escocia. Los dos, junto a Clough, siempre proclamaron con orgullo sus ideas laboristas. ¿Casualidad? No tanto. Hasta que a finales de los 80 empezó a ser cool, el fútbol siempre fue el deporte de las clases obreras británicas. Los potreros argentinos o las favelas brasileñas se sustituían aquí por un sentimiento de comunidad anclado en la santísima trinidad británica: familia, barrio, equipo de fútbol. De ahí salían los jugadores que, años después, se convertirían en entrenadores. Como la santísima trinidad de los banquillos british: Ferguson, Shankly y Clough. Bryan Clough no sólo ganó dos veces la Copa de Europa con el Nottingham Forest. También fue el mejor opositor a Margaret Thatcher que guió el Reino Unido en la década de los 80. De hecho, su primera Copa de Europa fue en 1979, cuando la mujer que doblegó a todos los sindicatos británicos obtuvo el poder. Solía decir que fue para robarle titulares. “Lo único que aún no ha prohibido esta mujer es votar laborista”, dijo una vez. Él mismo pudo comprobarlo, porque rechazó dos veces ser candidato del centroizquierda, pero no dudó en ponerse en primera línea junto a los piquetes durante las huelgas mineras. Mientras, Kevin Keegan y Emlyn Hughes le plantaban un beso en la mejilla a la Dama de Hierro en el 10 de Downing Street con la selección inglesa. Una de las raras veces que se vio sonreír a Thatcher, embutida en un horrible vestido de motas verdes mientras sostiene un balón. Lo que han cambiado los tiempos. Esperanza Aguirre, en semejante tesitura, se habría puesto los calzones de los pross y empezado a dar toques… “Mi socialismo viene del corazón”, comentó en 1968, cuando era un jovencísimo entrenador del Derby County, “tengo unos ahorros en el banco, una casa confortable y cosas bonitas a mi alrededor. No veo razón alguna para que los demás no tengan el mismo que yo”. Su utopía fue más futbolística que política: conseguir que en Inglaterra se jugase algo parecido al tiki-taka. En España, hoy, puede parecer tan común como que la abuela enchufe Sálvame. Pero en los 80 y en las Midlands… Clough también se crió en un socialismo genético. A él le gustaba definirlo con ese toque entre Clemente y Groucho Marx: “Mis mejores Navidades fueron aquellas en que me tocó el muslo del pavo. No crean, tuve que esperar mucho. Éramos ocho en familia y el pavo solo tiene dos muslos”. Familias humildes, en las que nunca faltaba de nada, pero sobraba todavía menos. Esa dignidad del sillón con remiendos pero el felpudo exterior de casa siempre impoluto en la que crecieron los mejores estrategas del fútbol de las Islas. El irreverente y lenguaraz Clough siempre fue un amante de la utopía: y no sólo en fútbol y política. Consiguió por ejemplo que Nottingham y Derby tuvieran algo en común: la carretera que les une, llamada Bryan Clough Way, en memoria del entrenador que más alto llevó a los equipos de dos ciudades que se detestan. Toda una forma de dejar su sello. Aunque le puede hacer competencia su gran amiga Margaret Thatcher, presidenta de honor del Blackburn Rovers sin que nadie sepa muy bien por que? La tercera hoja del trébol rojo del fútbol británico fue Bill Shankly, el hombre que hizo del Liverpool un mito en los 60 y primeros de los 70 con el mismo patrón que Clough: humildad, buen juego y frases para la posteridad. Escapó de las galerías bajo tierra y las caras tiznadas de Glenbuck (Escocia) gracias al fútbol. Nunca dejó de encarnar los valores, la idiosincrasia y el misticismo de los mineros, que han dado tantos buenos futbolistas como primeras líneas en rugby, en una época en que el Laborismo y la clase obrera empezaban a sufrir sus primeras crisis de pareja… Eran tiempos de crisis, la industria del carbón empezaba a costar más que a producir y la izquierda austera del primer ministro Harold Wilson, un intelectual que fumaba en pipa, no era muy bien entendida por tipos que se ciscaban en el Gobierno y se refugiaban el fin de semana en su pinta de cerveza y el juego ofensivo de los reds del Mersey. “El socialismo en el que creo es el de todo el mundo trabajando en pos de un mismo objetivo y recibiendo una recompensa por ello. Así veo el fútbol. Así veo la vida”, dijo Shankly. Tres tipos auténticos. Tres visones parecidas de tres generaciones de la izquierda y del fútbol británico. Tres tipos hoscos capaces de poner a una tropa de niñitos malcriados a sus órdenes como si fueran obedientes gurisa. “Creo que es porque mantuvimos los valores del tipo de sitio donde nacimos”, explica Ferguson: “trabajo duro, trabajo en equipo y principios sólidos”. Los tres entendieron, como Alfonso Guerra, que lo de las asambleas es para la Puerta del Sol, pero que un partido debe dirigirlo un líder. Musa Okwonga, en Will you manage? The necessary skills to be a great gaffer, definía los entrenadores en Inglaterra como “Estados de un solo partido”. Con “dictadores” se habría ahorrado cuatro palabras. Ferguson lo explica a su modo: “El día en que pierda el control de estos multimillonarios en el vestuario, estoy muerto”. Guerra lo hizo al suyo: “El que se mueva no sale en la foto”. En su biografía del coach del Man U, Patrick Barclay lo define como “un dictador de la convicción”. Sabe hablar a los futbolistas en su idioma, con sus aires de abuelo gruñón. Una de sus frases favoritas para los recién llegados a Old Trafford es: “Cuidare mucho de que cuando vuelvas a visitar tu madre vea a la misma persona que ella me envió. Si no entiendes toda esta fama y este dinero, tu madre estará muy decepcionada contigo”. Lógicamente los tres, Ferguson, Clough y Shankly, mientras predicaban a favor de la clase trabajadora, no tuvieron problemas en vivir como lo que eran: ricos del fútbol. Muchos se lo echaron en cara y todavía lo hacen con Alex Ferguson, como aquí en España algunos se lo reprochan a Valdano. Si un socialista puede presidir el Fondo Monetario Internacional, ¿porqué un socialista no va a entrar al club más rico del mundo? El entrenador red responde abrazándose a la ética del protestantismo: “Claro que es posible compatibilizar el bienestar con mis ideas políticas. Sigo manteniendo amistades de mis otros tiempos y siempre lo haré. He ganado mucho dinero, pero he trabajado duro y pagado mis impuestos”. Hace poco, preguntaron a Alex Ferguson por dos entrenadores franceses que van ganado enteros, los líderes de la Francia campeona del mundo del 98, Laurent Blanc y Didier Deschamps. Se deshizo en elogios. Hacia el final, explicó su peculiar porqué: ambos venían de una buena escuela: “Los dos tuvieron la suerte de trabajar con Aimé Jacques, un buen tipo, un socialista de verdad”

09.11.13 Liverpool Fc v Fulham Fc

Liverpool v Fulham

An own goal by Fernando Amorebieta, a Martin Skrtel header and a brace from Luis Suarez saw Fulham go down to a 4-0 defeat at Anfield for the second season in a row. A good spell by Fulham was ended in the 23rd minute when Amorebieta turned a Steven Gerrard free-kick into his own net. And the hosts increased their advantage soon afterwards when Skrtel headed a Gerrard corner home. Suarez made it 3-0 before half-time when he raced onto Jordan Henderson’s throughball to score. And the lively Liverpool marksman added a second just after the break when Gerrard caught Kieran Richardson in possession and teed up his teammate to fire home. It capped a miserable afternoon for Fulham as the Whites slumped to a fourth successive defeat in all competitions. Fulham boss Martin Jol made two changes from the side that lost 3-1 at home to Manchester United last time out. Elsad Zverotić came in for the suspended Sascha Riether, who sat out the first match of his three-game ban, while Alexander Kačaniklić, Fulham’s scorer against United, replaced Bryan Ruiz. After a minute’s silence to mark Remembrance Day, Liverpool won an early corner which eventually resulted in Daniel Agger firing over from eight yards. The home side’s early pressure continued, with Suarez forcing Maarten Stekelenburg to save low down in the sixth minute after a neat move involving Gerrard and Philippe Coutinho. At the other end, a quick break by Fulham in the 15th minute saw Dimitar Berbatov spray the ball out wide to Ashkan Dejagah. The winger pulled it back for Zverotić whose cross to the far post was met by Pajtim Kasami. The midfielder chested the delivery down and saw his shot deflect off Glen Johnson and into the side-netting. A good spell for Fulham saw Berbatov collect Kasami’s pass and hit an effort with the outside of his boot straight at Simon Mignolet in the 21st minute. But 60 seconds later Liverpool were in front. Gerrard whipped in a free-kick from the right and as Suraez leapt to meet it he missed his header and the ball went in off the unfortunate Amorebieta. Scott Parker went into the book in the 24th minute to pick up his fourth booking of the season after cynically chopping down Gerrard from behind as Liverpool looked to break – but it was 2-0 moments later. The Reds won a corner and Gerrard’s delivery was attacked at the near post by Skrtel who beat Amorebieta to the ball to head powerfully home. Liverpool saw strong penalty claims waved away four minutes later when Henderson’s cross hit Richardson, before Stekelenburg did brilliantly to tip a fierce effort from Coutinho over the bar. From the corner, Coutinho saw a shot deflected into the grateful arms of the Fulham goalkeeper. It was 3-0 to Liverpool on 36 minutes, Henderson playing in Suarez to race beyond the flatfooted Fulham defence and slot past a helpless Stekelenburg. Jol made a change for the start of the second half, with Ruiz replacing Kačaniklić, but Liverpool should have been 4-0 up within a minute of the restart. Suarez forced Stekelenburg to save with his feet from close range, with Daniel Sturridge picking up the rebound and firing towards goal. The Dutch stopper made a fine one-handed save but the ball fell to Suarez who blazed over from five yards. The onslaught continued and Sturridge fired wide after twisting past Amorebieta and Richardson then made a good tackle to deny the in-form Liverpool man a shooting chance just inside the box. But the Fulham defender was at fault for Liverpool’s fourth when he dawdled in possession and Gerrard nipped in to nick the ball and release Suarez to fire past Stekelenburg at his near post. Fulham saw penalty claims waved away on 55 minutes when Dejagah went down under a challenge from Aly Cissokho after racing onto a Berbatov pass. Aaron Hughes replaced Zverotić on the hour mark in Jol’s second substitution of the afternoon. Stekelenburg made a fairly comfortable save from Coutinho on 71 minutes after Suarez had wriggled into space and teed up his teammate. Jol made his final change of the day, replacing Berbatov with Giorgos Karagounis, before the referee brought a disappointing day to an end for the Whites.

21.09.13 Chelsea v Fulham

PA-17675139.ashx

Fulham fell to a 2-0 derby defeat at the hands of Chelsea at Stamford Bridge on Saturday 21st. In what was a closely fought fixture, two second-half goals proved the difference as strikes from Oscar and John Obi Mikel earned the home side the SW6 bragging rights. The opening 45 minutes was an even contest, with the Whites squandering the best chance when Darren Bent shot too close to Petr Cech after being played through by Pajtim Kasami. But Chelsea came flying out in the second period and two close-range goals earned them their first win over Fulham at home in three years. Martin Jol made three changes to the side that drew with West Bromwich Albion seven days ago, with the recovered Bent taking the place of Dimitar Berbatov who didn’t recuperate in time from a hamstring strain. Fernando Amorebieta was handed a full debut at the expense of Philippe Senderos, while Damien Duff started on the right wing in place of the injured Bryan Ruiz. The first smell of danger arrived in the fourth minute when Chelsea were awarded a soft free-kick for an apparent foul on Ashley Cole by Kasami, but Andre Schurrle’s set-piece was headed clear by Sascha Riether. The Whites then broke with Duff who eventually managed to dink in a cross that Steve Sidwell headed over, while another opportunity then arrived on six minutes for the Blues when Samuel Eto’o beat David Stockdale to Branislav Ivanovic’s cross, but the striker’s effort went well over the crossbar. In what was an entertaining opening 10 minutes, Bent almost latched onto Scott Parker’s clever ball over the top, but Cech read the situation brilliantly to rush out and head clear the danger. The best chance of the game then fell to Bent in the 13th minute when Kasami played him in with sublime vision. The striker’s pace took him beyond Gary Cahill but his shot was too close to Cech who made a comfortable save. Schurrle had another set-piece opportunity with 20 minutes played and the Germany international fizzed in a dangerous ball that Ramires managed to flick on, but only into the arms of Stockdale. The winger’s deliveries were becoming more threatening, though, and Stockdale had to be on hand to tip his corner away three minutes later. Eto’o latched onto a diagonal pass in the 26th minute after escaping the offside flag – the striker cut inside Riether before rifling in a powerful shot that was deflected behind for a corner by Duff. An ambitious effort from Sidwell shortly after was the first Fulham attempt for a while but, nonetheless, the Whites were doing well to contain their hosts in what was a well-balanced match. After Kasami was once again contentiously penalised on the edge of his own area, Oscar and Schurrle both stood over the dead ball. It was the Brazilian who stepped up, smashing his shot into the wall, with Stockdale then doing well to claim the loose ball and prevent a corner. The Blues were beginning to up the tempo slightly and it needed a fine block from Brede Hangeland to deny Ramires a clean strike on goal, with Eden Hazard then firing a well-struck volley wide following a Stockdale punch. Fantastic play by Parker in the middle of the field allowed him to dribble beyond Mikel with ease before finding Alexander Kacaniklic down the left. The Swede fed Duff who won a corner but the subsequent set-piece was well cleared by Schurrle. As we entered the final five minutes of the half Hazard was urged to shoot from the home crowd but his effort from 25 yards trickled harmlessly wide of Stockdale’s post, although they did find the beat the Fulham keeper seven minutes into the second half. Following some intricate play inside the area, the ball eventually broke to the advancing Schurrle and then Eto’o. Stockdale kept each of their efforts out but there was nothing he could do to prevent Oscar finding the back of the net after the loose ball fell extremely kindly for him six yards from goal. The Whites sought an equaliser immediately and Kasami’s lovely curling free-kick two minutes later was met by Sidwell, but our number seven couldn’t control his header which flew wide of the post. With 64 minutes gone Jose Mourinho made the game’s first substitution as Eto’o was withdrawn for Fernando Torres, whilst Fulham followed suit with Adel Taarabt taking the place of the tireless Duff. And it wasn’t long before Jol made another change, with Buomesca Tue Na Bangna handed a debut at his former club when he replaced Kacaniklic. Chelsea were seeing a lot more of the ball as the game entered the final quarter of an hour, but they continued to frustrate their fans as they failed to turn their possession into a second goal. They did almost grab that decisive goal that their supporters so craved on 82 minutes after Taarabt gave the ball away in midfield. Chelsea countered quickly but Amorebieta was on hand to block Ramires’ shot. They came even closer two minutes later when Torres connected brilliantly with Oscar’s corner, only to be denied by a fine sprawling save from Stockdale. Fulham’s respite was short-lived though, with Mikel ramming the ball home after John Terry had nodded down the subsequent corner. Both sides then made a further change, as Kevin De Bruyne replaced Hazard, and Hugo Rodallega came on for Kasami. Richardson almost halved the deficit in the 89th minute when his cross-cum-shot caught Cech by surprise, but the giant goalkeeper still got across well to palm the ball behind to maintain his side’s clean sheet with practically the final action of the game.

Un weekend in Premierleague

Quando sabato mattina la sveglia ha suonato alle 8.30 non ho pensato al fatto che fosse sabato ed era decisamente presto al essere un giorno festivo. Come ogni sabato ho fatto la mia colazione con caffelatte e biscotti del Mulino Bianco, mi sono preparato ho preso lo zaino e via. Le vie del mio quartiere alle 9.30 del mattino erano ancora tranquille, il sole era giá alto e il termometro segnava 26 gradi. Passeggio fino alla metro, destinazione Sants e poi aeroporto. Mentre ero seduto in treno mi guardavo intorno pensando a dove andasse ognuno dei miei compagni di viaggio, quello che sapevo era dove stavo andando io e mi sentivo davvero emozionato e felice. All’arrivo la routine di sempre, controllo bagaglio, frontiera, giusto il tempo per un caffé che inizia l’imbarco del mio volo British Airways con destinazione London Gatwick. Il viaggio si fa lungo, troppa la voglia di rimettere i piedi in territorio britannico, durante il volo si passa dal sole spagnolo al plumbeo cielo inglese fino a che tocchiamo terra. Ormai ho esperienza cosí che mi dirigo piú velocemente possibile all’immigration, la tempistica in questo momento ti puó far guadagnare parecchio tempo e io alle 17.30 dovevo essere seduto dentro Stamford Bridge. Passati i controlli in entrata mi reco alla stazione del Terminal South dove scopro che a causa di un incidente ci sono problemi sulla linea per Londra e tutti i tremi sono dirottati a London Bridge, questo tradotto vuol dire mezz’ora in piú per arrivare a destinazione. Ad ogni modo si parte, ho con me la mia Oyster Card con credito rimanente dalla volta precedente cosí da evitare code infinite per ricaricare il credito. Mi infilo nella metro e via. In una cittá come Londra riesco a incrociare il mio amico Emanuele in metro…andremo insieme alla partita e saró suo ospite per la notte. Poco dopo scendiamo a Fulham Broadway, sono gía le 15 (uk time) e non ho ancora mangiato cosí un hamburguer per la strada prima di entrare nel pub per un paio di pinte. Eccomi li, finalmente mi sento a casa, mi godo l’atmosfera, quell’atmosfera che solo chi ama il calcio ed é andato a vedere una partita in Inghilterra puó capire. Il tempo corre rapido e si avvicina l’ora del kick off cosí lasciamo il pub e ci rechiamo allo stadio, compro il match-programme, entriamo e abbiamo giusto il tempo dell’ultima pinta prima di salire le scale che ci portano al nostro settore. Chelsea v Fulham. Non voglio raccontare della partita, lo faró in un altro post, voglio solo parlare della splendida serata passata con gli amici “whites” al The Bricklayer’s Arms, uno dei pub dei tifosi del Fulham a Putney. Tra Ales, chiacchiere e risate. Quando ci hanno cacciato a colpi di campana, siamo andati sul ponte a prendere il bus, ricordo la serata, il rumore del Tamigi e il buio del parco…alla fine di quel parco c’é il Cottage. Riconosco che é stata una grande emozione e la voglia di tornare é giá forte…la prossima fermata sará Anfield Road per ritornare a Putney dovró aspettare dicembre.

27.04.13 Everton v Fulham

EVER

Dite quello che volete, ma non esiste al mondo nessun campionato con il fascino di quello inglese. Indipendentemente dalla categoria “When Saturday Comes”, come dice il titolo di una famosa fanzine, l’aria diventa frizzante e si riempie di quella passione che si respira per tutto il paese. Everton e Liverpool si dividono i cuori degli abitanti della cittá del Merseyside e i due stadi sono divisi solo dallo Stanley Park e distano poco piú di 1 km uno dall’altro. Arrivati nei dintorni del Goodison Park la prima sensazione é quella che l’Everton sia la squadra del quartiere, stadio in mezzo alle case e tutti in giro vestendo qualcosa col logo dei “toffees”. Il Main Stand sembra una fabbrica, e solo avvicinandoti ti rendi conto sia invece la casa dei “blues”, una passeggiata intorno, il club shop, i venditori di programmi e un obbligato passaggio al home supporters pub per rispettare la tradizione. Piú si avvicina l’ora della partita piú il quartiere diventa vivace fino a che arriva l’ora di entrare, si attraversa il solito tornello stretto e via per le scale fino ad affacciarsi al campo dove siamo accolti da varie insegne che confermano il nostro primo presentimento “The people’s club”. Siamo nel Main Stand dove i seggiolini sono gli originali in legno, fantastici…profumo di vero calcio…so che il business del calcio inglese é molto importante, peró a differenza nostra hanno saputo mantenere quell’anima che ti fa sentire come fossi negli anni ’70. Uno stadio inglese é uno stadio diverso, il tifoso inglese é diverso…ha un attaccamento diverso al club e questo si percepisce ovunque. Unica delusione é stata l’assenza totale di cori da parte dei tifosi di casa, solo si sono sentiti i pochi arrivati da Londra al seguito del Fulham. Partita piacevole, inglese, combattuta…dove non esistono i “biscotti” e dove sempre si lotta fino alla fine. 90 minuti volati via veloci, troppo veloci che ti lasciano voglia di vedere ancora, di sentire ancora sulla pelle quell’atmosfera. Solo chi ha visto partite in Inghilterra puó capire. Una nota la meritano tutti quei tifosi che vestivano il parruccone di Fellaini, ricordo soprattuto un tifoso vicino ai 70 anni che scendeva pimpante la scala vicina a me indossandolo….geniale!!!