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Michael Bublé @ Palau Sant Jordi

Ahora que ni el oro mantiene su valor de mercado cuesta encontrar un símil adecuado, pero Michael Bublé es lo que antes se llamaba una inversión segura. Se puede ir sin miedo a un concierto suyo, porqué da igual que tenga nuevo repertorio por presentar, el disco To be loved, que tire más hacia el pop cuando se dio a conocer o que incorpore un grupo vocal a su directo. Sabes lo que habrá, porqué Bublé es un clásico de corazón. El Palau Sant Jordi recibió con entusiasmo por tercera vez al cantante canadiense, que cuando vino por primera vez hace nueve años solo era el joven crooner de moda y ahora es la única voz de esa camada que se ha hecho un lugar entre los gustos del gran público. Que no es poca cosa. Porque en estos tiempos, un recinto como el Sant Jordi solo está al alcance de carreras de largo recorrido y fenómenos pop de última generación. Y Bublé no es ni una cosa ni otra. Es un cantante joven que lo apostó todo a valores de toda la vida y ganó. Y mientras consiga mantener viva la ilusión de ser nieto espiritual de Sinatra y sus compinches, el heredero legítimo del american way, no le hará falta otro argumento. El Sant Jordi disfrutó de un espectaculo completo y sin sobresaltos a cargo de un showman que va ganando en oficio pero sigue teniendo dos caras. Por un lado está el Bublé canalla, el eterno adolescente que aprovecha para hacer algún chiste soez a propósito de lo que sea y saca punta hasta a la concepción de su bebé, “el trabajo más rápido de mi carrera”, lo describió. Por el otro, el cantante blando que, aunque se maneja bien en el swing, da lo mejor de sí en las baladas. Y con esas bazas jugó en un concierto generoso que prometió sería como un cita. “Empezaremos suave, y al final quiero sexo sucio”. Aunque rápidamente admitió que todos, él el primero, estábamos allí para escapar de la realidad vía romance. Y romance, en el universo de Michael Bublé, son versiones de Bee Gees, canciones sobre amor eterno sobre imágenes en blanco y negro de parejas sonrientes y baladas arropadas por una sección de cuerdas, primera novedad reseñable en el guión de un espectáculo que hasta entonces había sido clavado al de sus anteriores visitas. Escenario ribeteado de luces, pantallas con primeros planos de la estrella, algo de humor de sal y una big band muy competente que propulsaba la voz correcta y sin grandes alardes de Bublé. Pero había prometido que la cita acabaría en mayores y el crooner canadiense se esforzó por cumplir. Al ritmo del ubicuo Get lucky de Daft Punk, cómo no, cruzo a pié la zona de las entradas caras hasta un segundo escenario en el centro de la pista, a tocar de los asistentes de entradas súper caras. Tenía que ser el tramo loco del concierto, pero quedó en el momento del buen rollo. Versiones de grandes clásicos del soul, el cumpleaños feliz para uno de los coristas y de remate, All you need is love de The Beatles con lluvia de confeti. No era el subidón final. Se guardaba tres bises y un par de fogonazos de pirotécnica que pusieron en pié el Palau Sant Jordi. Lo de sexo sucio, pues no fue para tanto. Pero qué esperaban, que es Bublé, un hombre de los de antes.

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15.12.11 Red Hot Chili Peppers @ Palau Sant Jordi

El Palau Sant Jordi se ha quedado pequeño para albergar al enorme número de seguidores deseosos de ver a los Red Hot Chili Peppers en directo. Hace semanas que no hay localidades disponibles y no es para menos: por fin, después de un lustro, el grupo nos brinda nuevas canciones, algo que no ocurría desde aquel disco doble titulado Stadium Arcadium.
Cuando vinieron a presentar ése álbum, todo hay que decirlo, los californianos llenaron el Sant Jordi dos noches seguidas, algo al alcance de muy pocos. De la larga gira de presentación de aquel largo trabajo discográfico el grupo salió bastante mal parado, hasta el punto de cesar dos años la actividad para cuestionarse su futuro y de que uno de sus miembros clave dimitiese: el guitarrista John Frusciante. Fue reemplazado por Josh Klinghoffer, cercano al grupo porque ya había tocado con ellos en directo como guitarra de apoyo y buen cumplidor en la labor que le ha sido encomendada: clavar al máximo el sonido de Frusciante (que no el carácter) en el repertorio anterior y aportar su grano de arena en el nuevo disco.
Desde el primer momento -el pasado agosto, cuando se publicó, o incluso antes-, todo el mundo vio en el nuevo disco de los Red Hot ese síndrome de la banda de rock empachada de su propio éxito en términos musicales y, obviamente, también económicos. Decir que es un disco forzado sería aventurarse demasiado, pero sí que se palpa una cierta indefinición en temas que vasculan entre lo innovador y lo de siempre sin lograr una fórmula satisfactoria hacia ninguno de los dos lados. Como en Brendan’s Death Song una tímida incursión folk, como el disco-funk de Monarchy Of Roses o incluso en The Adventures of Rain Dance Maggie, el primer single, con un pie en el funk, otro en el rock y el tronco en ninguna parte. Por contra, dos constataciones positivas son que sus melodías pop siguen calando y que la pérdida de Frusciante no ha sido una salvable losa para el sonido de la banda. Y una más I’m With You añade al repertorio de los Red Hot una buena lista de temas muy bailables, lo que dá nuevo aliciente al directo.
Una nota negativa: son demasiado fríos hacía la audiencia, parece de estar a una fiesta donde no conoces a nadie y nadie se deja acercar. Anthony Khiedis además se marcha sin tampoco despedirse 10 minutos antes que acabe la música de la última canción…..y sin tampoco decir una palabra en todo el concierto…un poco borde.
Dos notas positivas, han tocado todos sus éxitos y ha sido una verdadera pasada y la otra han sido unos de las pocas bandas que no ha sido contaminada por la peste culé…nada de camisetas y tampoco de himnos.

19.11.11 Roxette @ Palau Sant Jordi

Regreso a los escenarios de otro grupo ochentero más, aunque es preciso apuntar que Roxette colgó los instrumentos hacia mediados de la pasada década y que no fue para vivir de rentas sino por la enfermedad que le diagnosticaron a Marie Fredriksson. Así como, explican ellos en una entrevista a Rolling Stone, la vuelta al trabajo nace de esa actividad incesante que ya les conociamos, de una necesidad de componer y de interpretar como modo de vida.
Ese concierto es, para los de mi generación, una vuelta atrás a los tiempos del cole, canciones grabadas en la memoria y pegadas a recuerdos de adolescente. Por otro lado Marie, debido a la enfermedad, no rinde mucho, se mueve con dificultad y su voz en muy floca: sin el soporte de Helena Josefsson, que hasta le lleva agua durante del concierto, no creo le sería posible subir al escenario. No obstante hay que reconocer su determinación para volver a una vida normal y por eso creo que tenga mucho merito. Queda una noche bonita, con amigos divertidos y muchos muchos recuerdos de joventud….