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Dieguito, el rey de la baldosa

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Dicen en el jerezano Barrio de Santiago, el Harlem del flamenco, que nadie baila mejor bulerías en una baldosa que Diego el de La Margara. Diego Garrido Valencia es todo un personaje, un bailaor auténtico para los puristas del cantejondo y un mito entre los futbolero de la zona. Miembro de una de las sagas más celebradas del flamenco jerezano por parte de madre, alternó baile y fútbol hasta los 16 año, edad en la que aparcó los descampados para probar en un equipo serio como el Flamenco, simbólico nombre de una cantera del fútbol jerezano repleta de futbolistas con duende. Dieguito lo era. Medialuna de pellizco, extremo mentiroso con más fútbol que sudor, militó en el Cádiz durante seis temporadas (1981-87) formando parte de la cuadrilla con más tronío de la historia cadista, y dicen en el barrio de La Viña que del fútbol español: Mágico González, Pepe Mejías, Dieguito, Francis Carmelo… Apóstoles de un fútbol que define el sentir hedonista de los gaditanos. Años divertidos en los que Dieguito pisó “catedrales balompédicas como el Bernabéu, el Camp Nou, Atocha, San Mamés…”. Del Cádiz pasó al Xerez con naturalidad, regateando una rivalidad encarnizada con humildad y desparpajo. Un día lluvioso metió un gol desde el mediocampo en el viejo estadio Domecq. “Estaba todo embarrao y el portero andaba a uvas. Así que me dije: a este le hago yo el lío”. ¡Y vaya si se lo hizo! Aparcó el fútbol y ahora alterna su puesto de bedel en un pabellón municipal de Jerez con las bulerías en una baldosa en el tablao de la peña Tío José de Paula. Como la que bailó aquella noche en la Fiesta de la Bulería, el Wembley del Cante. Se arrancó su prima, La Paquera, la Aretha Franklin del flamenco, y a Diego se le fueron los pies. Sin prisa, con compás, con su patadita bien dá… Diego Garrido Valencia, Dieguito antes, Diego el de La Margara ahora. Un gacho que jugaba al fútbol, “mirando cerca y viendo lejos, recogido, con pellizco”. Como baila, como es…

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