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El último líder

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Un tipo que sabe de vinos, como Alex Ferguson, no bebe con cualquiera. Aquella tarde de 1996 eligió un salón privado del Midland Hotel: fachada red, arquitectura victoriana, centro pijo de Manchester. Una sala sin cuadros ni fotos, aséptica para los businessmen londinense que la pueblan a diario con reuniones pegados de hora… y una cueva mítica en la historia del Manchester United: allí firmó Eric Cantona su pasaporte red devil. Un hotel clasista por dentro y rojo por fuera, donde se hallaban tres tipos a los que muchos acusan exactamente de lo mismo: Tony Blair, entonces líder laborista y a un año de convertirse en primer ministro, su gurú en comunicación, Alastair Campbell, y el propio Ferguson, con diez años ya de experiencia en el banquillo del Man U. O sea, de los tres, el más famoso. Tony Blair finalizaba su asalto para quitarle la caspa a la izquierda inglesa a base de champú New Labour. Ferguson, copa en mano, le daba un par de lecciones sobre el liderazgo, como recuerda él mismo en una entrevista com Alastair Campbell aparecida en NewStatesman: “Mientras consigas que toda tu gente clave pueda permanecer en una misma habitación al mismo tiempo, no tendrás problemas”. Una década mas tarde, trabada una sólida amistad y una admiración recíproca, Tony Blair volvió a llamar a coach Ferguson. La habitación se le había ido de las manos. El capitán de su equipo, Gordon Brown, responsable de economía, pugnaba por hacerse con su cargo. ¿Qué harías si tuvieras un jugador brillante pero realmente difícil causándote problemas?” “Me desharía de el” “¿Y si después de deshacerte de él lo siguieras teniendo en el vestuario y en la plantilla? “Eso ya sería otro problema”… El propio Tony Blair relata la anécdota en sus memorias. Ferguson siempre vio Blair en el terreno de juego como un “delantero centro”. El perfecto killer. A su juicio, Gordon Brown, no pasaría de “mediocentro defensivo”. Si las elecciones son como una competición de futbolistas a ver quién vende más camisetas, ¿a quién elegiría la gente? ¿A Wayne Rooney o a Darren Fletcher? Pues eso. Alex Ferguson siguió entrenando al United llevando muchos años sin que nadie se le suba a las barbas. Tony Blair perdía el gobierno meses más tarde sin elecciones de por medio en manos de Brown. Y éste, líder mediocre, rubricó el hundimiento del laborismo cual López Caro en el banquillo madridista: el hombre equivocado en el lugar equivocado. El fútbol, la política, las carreras de caballos y el vino son, por este orden, las pasiones de Alex Ferguson. Y es igual de desmedido con cualquiera de ellas. En España, como entrenador de fútbol, se lo perdonarían todas menos una: ser socialista. Furibunda, genética y vocingleramente socialista. Con el cadáver de Zapatero caminando sobre el caballo como el Cid, Sócrates fuera de Portugal y Alemania, Reino Unido, Francia e Italia en manos del centro derecha, a la izquierda europea sólo le queda un mandamás de peso: Alex Ferguson. Eso sí, a la hora de la verdad, su criptosocialismo obrero sigue cayendo frente a esa izquierda leída, burguesa y con corbatas finas de Guardiola. Dos Champions a cero. Y lo del Barça es de gauche, que esos juicios no los carga el diablo, sino del propio Pep: “hacemos un juego muy de izquierdas, todos hacen de todo”. Pero Sir Alex es como un viejo sindicalista: nunca se desmoraliza. Y disfruta haciendo campaña, como un hincha caminando el domingo hacia Old Trafford con el City esperando en los vestuarios. Y no se esconde. Mayo de 2011. El Labour se huele la catástrofe en las elecciones al Parlamento de Escocia. ¿Solución? Llamar el escocés más famoso, con permiso de Sean Connery (por cierto, gran defensor del independentista SNP y rival político de Fergie). El partido identificó 10.000 hogares “electoralmente indecisos”, que recibieron una misiva firmada de su puño y letra por un tipo con 12 Premierleagues en el bolsillo. Por el estilo, o la escribió él mismo o un asesor muy bueno: “Estuve en Alemania el martes jugando contra el Schalke, en España viendo el Real Madrid-Barcelona el miércoles y de nuevo a casa para ver a los jóvenes del United contra el Arsenal el jueves. Pero no importa lo ocupado que esté. Siempre encuentro tiempo para saber qué está pasando en Escocia. No sólo en la escena futbolística. También en política. El jueves es un gran día y espero que mi equipo, el Labour Party, saque un buen resultado”. Y no se trataba sólo de un eslogan político-futbolero. Ferguson disertaba después sobre cómo conseguir que Escocia vuelva a generar empleo y se lanzaba a una diatriba anti-independentista con más intención que un centro con rosca de Ryan Giggs: “Leo mucha Historia y hay muchas evidencias de que en tiempos de dificultades económicas, el auge del nacionalismo puede ser un gran error … Sería una distracción de lo que realmente le importa a la gente: economía, empleos, escuelas y hospitales. El Labour es el mejor equipo para las familias escocesas”. Al final, el morrazo de Iain Gray, candidato laborista, fue notable y los nacionalistas obtuvieron la mayoría absoluta. Pero Ferguson sudó la camiseta. ¿Os imagináis Pep Guardiola mandando un mensajero similar a los votantes de ERC? ¿O Vicente Del Bosque, un progresista que siempre ha mantenido sus convicciones políticas lejos de los focos, firmando pasquines del PSOE? ¿Os imagináis a los tertulianos de Intereconomía desosando y chupando luego las altas del que osara dar un paso semejante? Ferguson vivió sus colores desde joven. “Mi padre era de izquierdas, así como la mayoría de la gente de donde vengo. Nací en un barrio obrero de Glasgow, Govan, y nunca perdí el sentido de la comunidad. Crecí creyendo que el laborismo era el partido de los trabajadores y lo sigo creyendo”. Y sabe lo que es currar. Mientras marcaba goles como delantero en el Queens Park de Glasgow, trabajaba en los astilleros de Clydeside, donde era enlace sindical… y ya impartía ordenes: llegó a encabezar un paro ilegal en lucha por mejores condiciones salariales. Pero, además de la sudorosa herencia de familia, Ferguson recuerda una imagen que le hizo guardar al Labour la misma fidelidad que al Manchester United: “Mi madre estaba muriendo en noviembre de 1986, dos semanas después de llegar al United. Agonizaba en el hospital Southern General de Glasgow. Un horro, los revestimientos colgando de las cañerías, doctores y enfermeras explotados… y muy poca dignidad en todo aquello. Siempre he visto al Laborismo como el partido que provee la mejor Sanidad para la gente y los Tories como los que se preocupan sólo por los ricos. El NHS (la seguridad social británica) está definitivamente mejor tras 12 años de Laborismo”. Su conclusión tiene algo de simplona, como un niño definiría una película de buenos y malos. Vive y piensa la política como el fútbol. Como un hincha. Así es Ferguson. Carné red, camiseta red, carrillos red. A Ferguson le tocó vivir las mieles del New Labour gracias a un Tony Blair que hizo posible “la unión entre socialismo y éxito”. Una definición que bien podría aplicar a su modo de conducir el United. La retórica seductora del ex primer ministro nada tiene que ver con los rudos modales del escocés malhumorado, pero ambos trazaron a la perfección el camino hacia el éxito, liberaron sin temblores a los suyos, cortaron cabezas cuando tocaba, controlaron la comunicación con maestría y dejaron siempre claro quién mandaba: ellos mismos. Ferguson no está solo. Igual que los buenos entrenadores que triunfan en Italia son casi siempre de derechas (Helenio Herrera, Trapattoni, Fabio Capello, Mourinho), y en la aburrida y despolitizada España no hablan de sexo ni política en publico, en Inglaterra los mas grandes siempre han sido de izquierdas o escoceses. O ambas cosas a la vez. En octubre de 2009 se hizo una encuesta en Inglaterra para conocer a los mejores entrenadores de todos los tiempos. Ganó Ferguson (26%), por delante del intruso Bobby Robson (14% debido a su fallecimiento tres meses antes), Bill Shankly (9%) y Bryan Clough (8%). Ferguson y Shankly nacieron en Escocia. Los dos, junto a Clough, siempre proclamaron con orgullo sus ideas laboristas. ¿Casualidad? No tanto. Hasta que a finales de los 80 empezó a ser cool, el fútbol siempre fue el deporte de las clases obreras británicas. Los potreros argentinos o las favelas brasileñas se sustituían aquí por un sentimiento de comunidad anclado en la santísima trinidad británica: familia, barrio, equipo de fútbol. De ahí salían los jugadores que, años después, se convertirían en entrenadores. Como la santísima trinidad de los banquillos british: Ferguson, Shankly y Clough. Bryan Clough no sólo ganó dos veces la Copa de Europa con el Nottingham Forest. También fue el mejor opositor a Margaret Thatcher que guió el Reino Unido en la década de los 80. De hecho, su primera Copa de Europa fue en 1979, cuando la mujer que doblegó a todos los sindicatos británicos obtuvo el poder. Solía decir que fue para robarle titulares. “Lo único que aún no ha prohibido esta mujer es votar laborista”, dijo una vez. Él mismo pudo comprobarlo, porque rechazó dos veces ser candidato del centroizquierda, pero no dudó en ponerse en primera línea junto a los piquetes durante las huelgas mineras. Mientras, Kevin Keegan y Emlyn Hughes le plantaban un beso en la mejilla a la Dama de Hierro en el 10 de Downing Street con la selección inglesa. Una de las raras veces que se vio sonreír a Thatcher, embutida en un horrible vestido de motas verdes mientras sostiene un balón. Lo que han cambiado los tiempos. Esperanza Aguirre, en semejante tesitura, se habría puesto los calzones de los pross y empezado a dar toques… “Mi socialismo viene del corazón”, comentó en 1968, cuando era un jovencísimo entrenador del Derby County, “tengo unos ahorros en el banco, una casa confortable y cosas bonitas a mi alrededor. No veo razón alguna para que los demás no tengan el mismo que yo”. Su utopía fue más futbolística que política: conseguir que en Inglaterra se jugase algo parecido al tiki-taka. En España, hoy, puede parecer tan común como que la abuela enchufe Sálvame. Pero en los 80 y en las Midlands… Clough también se crió en un socialismo genético. A él le gustaba definirlo con ese toque entre Clemente y Groucho Marx: “Mis mejores Navidades fueron aquellas en que me tocó el muslo del pavo. No crean, tuve que esperar mucho. Éramos ocho en familia y el pavo solo tiene dos muslos”. Familias humildes, en las que nunca faltaba de nada, pero sobraba todavía menos. Esa dignidad del sillón con remiendos pero el felpudo exterior de casa siempre impoluto en la que crecieron los mejores estrategas del fútbol de las Islas. El irreverente y lenguaraz Clough siempre fue un amante de la utopía: y no sólo en fútbol y política. Consiguió por ejemplo que Nottingham y Derby tuvieran algo en común: la carretera que les une, llamada Bryan Clough Way, en memoria del entrenador que más alto llevó a los equipos de dos ciudades que se detestan. Toda una forma de dejar su sello. Aunque le puede hacer competencia su gran amiga Margaret Thatcher, presidenta de honor del Blackburn Rovers sin que nadie sepa muy bien por que? La tercera hoja del trébol rojo del fútbol británico fue Bill Shankly, el hombre que hizo del Liverpool un mito en los 60 y primeros de los 70 con el mismo patrón que Clough: humildad, buen juego y frases para la posteridad. Escapó de las galerías bajo tierra y las caras tiznadas de Glenbuck (Escocia) gracias al fútbol. Nunca dejó de encarnar los valores, la idiosincrasia y el misticismo de los mineros, que han dado tantos buenos futbolistas como primeras líneas en rugby, en una época en que el Laborismo y la clase obrera empezaban a sufrir sus primeras crisis de pareja… Eran tiempos de crisis, la industria del carbón empezaba a costar más que a producir y la izquierda austera del primer ministro Harold Wilson, un intelectual que fumaba en pipa, no era muy bien entendida por tipos que se ciscaban en el Gobierno y se refugiaban el fin de semana en su pinta de cerveza y el juego ofensivo de los reds del Mersey. “El socialismo en el que creo es el de todo el mundo trabajando en pos de un mismo objetivo y recibiendo una recompensa por ello. Así veo el fútbol. Así veo la vida”, dijo Shankly. Tres tipos auténticos. Tres visones parecidas de tres generaciones de la izquierda y del fútbol británico. Tres tipos hoscos capaces de poner a una tropa de niñitos malcriados a sus órdenes como si fueran obedientes gurisa. “Creo que es porque mantuvimos los valores del tipo de sitio donde nacimos”, explica Ferguson: “trabajo duro, trabajo en equipo y principios sólidos”. Los tres entendieron, como Alfonso Guerra, que lo de las asambleas es para la Puerta del Sol, pero que un partido debe dirigirlo un líder. Musa Okwonga, en Will you manage? The necessary skills to be a great gaffer, definía los entrenadores en Inglaterra como “Estados de un solo partido”. Con “dictadores” se habría ahorrado cuatro palabras. Ferguson lo explica a su modo: “El día en que pierda el control de estos multimillonarios en el vestuario, estoy muerto”. Guerra lo hizo al suyo: “El que se mueva no sale en la foto”. En su biografía del coach del Man U, Patrick Barclay lo define como “un dictador de la convicción”. Sabe hablar a los futbolistas en su idioma, con sus aires de abuelo gruñón. Una de sus frases favoritas para los recién llegados a Old Trafford es: “Cuidare mucho de que cuando vuelvas a visitar tu madre vea a la misma persona que ella me envió. Si no entiendes toda esta fama y este dinero, tu madre estará muy decepcionada contigo”. Lógicamente los tres, Ferguson, Clough y Shankly, mientras predicaban a favor de la clase trabajadora, no tuvieron problemas en vivir como lo que eran: ricos del fútbol. Muchos se lo echaron en cara y todavía lo hacen con Alex Ferguson, como aquí en España algunos se lo reprochan a Valdano. Si un socialista puede presidir el Fondo Monetario Internacional, ¿porqué un socialista no va a entrar al club más rico del mundo? El entrenador red responde abrazándose a la ética del protestantismo: “Claro que es posible compatibilizar el bienestar con mis ideas políticas. Sigo manteniendo amistades de mis otros tiempos y siempre lo haré. He ganado mucho dinero, pero he trabajado duro y pagado mis impuestos”. Hace poco, preguntaron a Alex Ferguson por dos entrenadores franceses que van ganado enteros, los líderes de la Francia campeona del mundo del 98, Laurent Blanc y Didier Deschamps. Se deshizo en elogios. Hacia el final, explicó su peculiar porqué: ambos venían de una buena escuela: “Los dos tuvieron la suerte de trabajar con Aimé Jacques, un buen tipo, un socialista de verdad”

09.11.13 Liverpool Fc v Fulham Fc

Liverpool v Fulham

An own goal by Fernando Amorebieta, a Martin Skrtel header and a brace from Luis Suarez saw Fulham go down to a 4-0 defeat at Anfield for the second season in a row. A good spell by Fulham was ended in the 23rd minute when Amorebieta turned a Steven Gerrard free-kick into his own net. And the hosts increased their advantage soon afterwards when Skrtel headed a Gerrard corner home. Suarez made it 3-0 before half-time when he raced onto Jordan Henderson’s throughball to score. And the lively Liverpool marksman added a second just after the break when Gerrard caught Kieran Richardson in possession and teed up his teammate to fire home. It capped a miserable afternoon for Fulham as the Whites slumped to a fourth successive defeat in all competitions. Fulham boss Martin Jol made two changes from the side that lost 3-1 at home to Manchester United last time out. Elsad Zverotić came in for the suspended Sascha Riether, who sat out the first match of his three-game ban, while Alexander Kačaniklić, Fulham’s scorer against United, replaced Bryan Ruiz. After a minute’s silence to mark Remembrance Day, Liverpool won an early corner which eventually resulted in Daniel Agger firing over from eight yards. The home side’s early pressure continued, with Suarez forcing Maarten Stekelenburg to save low down in the sixth minute after a neat move involving Gerrard and Philippe Coutinho. At the other end, a quick break by Fulham in the 15th minute saw Dimitar Berbatov spray the ball out wide to Ashkan Dejagah. The winger pulled it back for Zverotić whose cross to the far post was met by Pajtim Kasami. The midfielder chested the delivery down and saw his shot deflect off Glen Johnson and into the side-netting. A good spell for Fulham saw Berbatov collect Kasami’s pass and hit an effort with the outside of his boot straight at Simon Mignolet in the 21st minute. But 60 seconds later Liverpool were in front. Gerrard whipped in a free-kick from the right and as Suraez leapt to meet it he missed his header and the ball went in off the unfortunate Amorebieta. Scott Parker went into the book in the 24th minute to pick up his fourth booking of the season after cynically chopping down Gerrard from behind as Liverpool looked to break – but it was 2-0 moments later. The Reds won a corner and Gerrard’s delivery was attacked at the near post by Skrtel who beat Amorebieta to the ball to head powerfully home. Liverpool saw strong penalty claims waved away four minutes later when Henderson’s cross hit Richardson, before Stekelenburg did brilliantly to tip a fierce effort from Coutinho over the bar. From the corner, Coutinho saw a shot deflected into the grateful arms of the Fulham goalkeeper. It was 3-0 to Liverpool on 36 minutes, Henderson playing in Suarez to race beyond the flatfooted Fulham defence and slot past a helpless Stekelenburg. Jol made a change for the start of the second half, with Ruiz replacing Kačaniklić, but Liverpool should have been 4-0 up within a minute of the restart. Suarez forced Stekelenburg to save with his feet from close range, with Daniel Sturridge picking up the rebound and firing towards goal. The Dutch stopper made a fine one-handed save but the ball fell to Suarez who blazed over from five yards. The onslaught continued and Sturridge fired wide after twisting past Amorebieta and Richardson then made a good tackle to deny the in-form Liverpool man a shooting chance just inside the box. But the Fulham defender was at fault for Liverpool’s fourth when he dawdled in possession and Gerrard nipped in to nick the ball and release Suarez to fire past Stekelenburg at his near post. Fulham saw penalty claims waved away on 55 minutes when Dejagah went down under a challenge from Aly Cissokho after racing onto a Berbatov pass. Aaron Hughes replaced Zverotić on the hour mark in Jol’s second substitution of the afternoon. Stekelenburg made a fairly comfortable save from Coutinho on 71 minutes after Suarez had wriggled into space and teed up his teammate. Jol made his final change of the day, replacing Berbatov with Giorgos Karagounis, before the referee brought a disappointing day to an end for the Whites.

Liverpool away

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Credo che, se vuoi provare a far capire certe emozioni a chi ti legge, devi scrivere certe cose col cuore ancora caldo e per questo inizio a scrivere questo post ancora con la faccia stanca dal fine settimana nel Merseyside. Venerdí mattina tutto inizia con un grande spavento, non trovavo la carta d’identitá…inutile dire che il famoso “keep calm” non rientrava nel momento. Ovviamente al riuscire a raffreddare la mente ecco il lampo di genio che permette di far scivolare in tranquillitá il resto della giornata. 2 ore e poco piú di un volo tranquillo quando il pilota annuncia che in 20 minuti avremmo toccato terra al John Lennon International Airport di Liverpool dove lasciati alle spalle il sole e i 22 gradi di Barcelona ci stava aspettando una grandinata e 6 gradi di temperatura, welcome to UK. Pochi metri sotto la grandine, la coda rapida per l’immigration e sono giá sul 80A con destinazione Liverpool quando scopro che i miei compagni di viaggio sono bloccati all’aeroporto di Manchester (circa 50 km da Liverpool), dove il loro bus é misteriosamente scomparso. Intanto arrivo in cittá mi faccio una splendida passeggiata “under the rain”, almeno aveva smesso di grandinare, fino a trovare l’hotel. Check in fatto non resta che aspettare e visto che avevo fatto i compiti a casa sapevo che uno dei “5 best pub in Liverpool” era dietro l’hotel. Ovviamente non perdo tempo, troppa voglia di “Casc Hale” e cosí eccomi al “Lion Tavern”, il pub é pieno, é venerdí sera…riesco a guadagnare un posto alla barra e dopo 3 minuti passati in solitudine ecco che il mio vicino attacca bottone “Mick” una 50 d’anni con maglietta dello Zenith, season ticket holder del Man U, con lui Ian tifoso e abbonato del Huddersfield e un finlandese, di cui non ricordo il nome, residente e tifoso del Liverpool. Passo una buona serata ed esco giusto a tempo per ritrovare i reduci di Manchester sulla porta dell’hotel. Sabato mattina é il “matchday”, Anfield Road un sogno che diventa realtá, uno di quei campi mitici, quelli sognati dai tifosi di calcio di tutto il mondo ma quasi impossibile per l’estrema difficoltá a trovare i biglietti per la partita. Mi sveglio presto nonostante sia andato a letto tardi, l’emozione della giornata si sente giá. Ci prepariamo e usciamo…bisogna cercare una colazione inglese, la troviamo anche se non é la migliore che ho provato…forse un pó povera ma comunque molto buona. Ora siamo pronti, qualche messaggio coi ragazzi in viaggio da Londra, appuntamento all’away pub “The Arkles” intorno all’una. Cosí si parte, autobus in direzione Anfield dove ci accoglie un bel acquazzone! (Da notare che sono stati 2 giorni di sole a parte questi 2 episodi circoscritti). L’aver giá fatto il tour di Anfield il passato mese di aprile forse ha rovinato un pó l’emozione di trovarselo davanti peró sapevo che non sarebbe stato assolutamente cosí. The Arkles é in Anfiel Road a circa 200 metri dal “away sector” e la veritá che nonostante fosse il pub indicato come “away” le due tifoserie erano perfettamente mischiate con un incredibile rispetto delle parti…ambiente disteso, Reading v QPR sui maxischermi, pinte e chiacchiere…poco dopo arrivano i “londinesi” e purtroppo il tempo passa veloce, qulche pinta e via verso lo stadio, un controllo rapido da parte dei 2 agenti sulla porta ed eccoci nella pancia di Anfield…the dream becomes true. Un hot dog, una pinta (ovviamente) un salto al bagno e su per la scala….un respiro profondo ed eccomi li, finalmente. Lo stadio é giá quasi tutto pieno, lo sará in pochi minuti…il tempo di raggiungere i nostri posti e guardarsi un pó intorno che partono le note di “You’ll Never Walk Alone” e le squadre entrano in campo. Arrivati a questo punto del racconto mi fermo, guardate il video che ho fatto e provate a immaginarvi seduti li al mio posto, potrei scrivere milioni di parole ma non sarei in grado di farvi provare quell’emozione…vi dico solo del silenzio rispettoso dei tifosi del Fulham durante l’inno del Liverpool, ne abbiamo presi 4 e i tifosi del Liverpool a 2 metri da noi non ci hanno insultato, derisi o tirato niente e a fine partita siamo usciti immediatamente tornando a mescolarci per le vie intorno lo stadio….When you walk through a storm, hold your head up high, and don’t be afraid of the dark, at the end of the storm there is a golden sky and the sweet silver song of the lark. Walk on through the wind, walk on through the rain, though your dreams be tossed and blown. Walk on, walk on with hope in your heart, and you’ll never walk alone, you’ll never walk alone…

This is Anfield!

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Anfield, uno degli stadi piú mitici del pianeta non poteva non essere incluso nel mio weekend a Liverpool. A dicembre visitai il Van Gogh Museum di Amsterdam e davanti ai quadri studiati a scuola esternai il mio pensiero saggio “a me non fanno ne caldo ne freddo….saró arido” scatenando le risa dei presenti! La veritá é che ognuno ha in cuor suo la sua passione….e la mia include tutto quello che gira intorno a un prato verde. Erano giorni che pensavo a Anfield, erano giorni che sapevo che mi sarei emozionato, erano giorni che pensavo quello che la gente avrebbe costruito sul fatto che una persona potesse sentire qualcosa di cosí sensazionale per un’opera dallo scarso contenuto culturale. Francamente non me ne frega niente, chi si crede superiore per preferire un Picasso puó anche smettere di leggere. Quello che so é che domenica 27 aprile continuava a girarmi nella testa una canzoncina “When you walk through a storm, hold your head up high, and don’t be afraid of the dark; at the end of the storm there is a golden sky and the sweet silver song of the lark”, e in cuor mio ero molto felice di condividere le emozioni che avrei vissuto con una persona davvero speciale, che mai avrebbe giudicato le mie sensazioni e che, al contrario, le avrebbe vissute sulla propria pelle esattamente come me…questa persona ha trasformato una giornata grandiosa in una giornata che resterá per sempre nei miei occhi e nel mio cuore. Eccomi qua “This is Anfield” cielo grigio e vento freddo…compriamo i biglietti del tour e facciamo un giro per vedere la targa in memoria del Heysel, il monumento alle vittime di Hillsborough e il mitico cancello che riporta il “You’ll never walk alone”. Quattro chiacchiere con un simpatico addetto alla sicurezza e via per il tour…se Anfield era un mito…visitarne la pancia lo ha reso un super mito. Niente di moderno, tecnologico, supercomodo…tutto piccolo, sala stampa con angolo cottura e poche sedie, corridoi stretti e spogliatoi con panche di legno…esattamente come quelle che ognuno di noi ritrova ogni volta che va a giocare con gli amici. Ebbene si Gerrard e compagnia siedono su panche di legno scomode, ma rosse! All’uscita direttamente lo stretto tunnel che porta al terreno di gioco…lo attraverso…tocco lo scudo come visto fare decine di volte ai giocatori di casa al momento di entrare in campo ed eccomi li, a bordo campo, emozionato come un bambino di 7 anni a Gardaland. Sarei rimasto li ore a respirare il profumo dell’erba, a godermi il silenzio di un campo che quando pieno ribolle come una pentola. Lo immagino pieno e mi riprometto di vederlo pieno, immagino il coro dei tifosi e i brividi scendono lungo la schiena. Purtroppo arriva l’ora di uscire, passando per il museo a toccare la coppa dei campioni e a portare a casa qualcosa che non dimenticheró mai e a ricordare sempre che: When you walk through a storm, hold your head up high, and don’t be afraid of the dark; at the end of the storm there is a golden sky and the sweet silver song of the lark. Walk on through the wind, walk on through the rain, tho’ your dreams be tossed and blown. Walk on, walk on with hope in your heart, and you’ll never walk alone, you’ll never walk alone. Walk on, walk on with hope in your heart, and you’ll never walk alone, you’ll never walk alone…..

All you need is…..Liverpool!

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Para conocer Liverpool os recomiendo que olvidéis cualquier tipo de información que os hayan dado con antelación. Simplemente haced un reset y tened muchas ganas de conocer una ciudad que encandila por su beatlemania en cada rincón de sus calles o el carácter alegre de su gente, ellos mismos se autodenominan scousers por su peculiar acento, su loca afición al fútbol y sus infinitas ganas de saborear una cerveza en sus míticos pubs. En apenas una década, Liverpool ha sabido transformar y remodelar todos sus espacios para convertirse en una ciudad cosmopolita y enérgica, llena de contraste. No es de extrañar que se convirtiera en la capital Europea de la cultura en 2008 y su zona portuaria fuera declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2004. Iniciamos el recorrido por el barrio del frente marítimo (Waterfront), sin duda el orgullo de sus habitantes por su rico pasado marítimo. En tiempos imperiales de los ingleses, el Albert Dock fue el crisol de los intercambios comerciales con el resto del mundo y flujo continuo de diferentes culturas. Posee una serie de edificios datados de finales del siglo XIX y fue construido con ladrillo, piedra y hierro. Concretamente esta zona tiene algunos de los atractivos principales de la ciudad. Tres de sus principales museos (todos gratuitos): Tate Liverpool, dedicado al arte contemporáneo, Maritime Museum, que explica toda la historia marítima de la ciudad y el International Slavery Museum, dedicado a la esclavitud. Muy cerca se encuentra el Centro de Convenciones Arena y la Echo Wheel of Liverpool, una espectacular noria donde se puede tener una estupenda vista de la ciudad. En la zona norte, concretamente en la zona costera de Pier Head, encontramos edificios emblematicos como Royal Liver Building, construido por Walter Aubrey Thomas a principio del siglo XX, y fue el edificio más alto hasta 1965. Destacan sus dos torres relojes que están coronados por los Liver Birds, dos aves mitológicas que son el simbolo de la ciudad. Junto a este podemos ver otros dos edificios que se construyeron en la misma época: Cunard Building y el Port of Liverpool Building. A escasos metros, encontramos el Museum of Liverpool, un museo interactivo recién inaugurado, dieseñado para que disfrute toda la familia, donde se explica la historia de la divertida gente de Liverpool, desde la prehistoria hasta los iconos culturales más seguidos del pasado siglo. Merece la pena ver el skyline desde el waterfront o cogiendo algunos de los barcos que salen desde la terminal del ferry.
Quizá sea su proximidad a Irlanda lo que hace que el carácter de los liverpudians sea tan abierto y alegre. Lo cierto es que Liverpool es un hervidero de actividad nocturna con sus pubs y clubes para todos los gustos. Si queremos salir a tomar algo, ya sea una cerveza o un cóctel, lo podemos hacer en los barrios de Liverpool One y Cavern Quarter. En este último encontramos Mathew Street, más conocida como la calle de los Beatles. No solamente porque en esta calle encontramos The Cavern Club el mítico local (ahora reformado) donde la famos banda tocaba en los años sesenta, sino porque también se encuentra la tienda oficial y numerosas cafeterías y bares dedicados a la banda. Este barrio también alberga la torre más alta y visible desde cualquier punto de la ciudad, Radio City Tower, que es la estación de radio de Liverpool y retransmite música pop y dance desde el 1974. Si queremos pasar unas horas de shopping, junto a estos barrios hay que añadirle el barrio de St. George Quarter, zona donde encontraremos edificios emblemáticos como St George Hall, un imperioso edificio neoclásico que, aunque está reformado recientemente, fue construido en el año 1854 y es el museo de Historia y sede para festivales. Justo enfrente, encontramos el Empire Theatre, uno de lo más grandes que posee la ciudad. A escasos metros también encontramos los museos World Museum Liverpool y el Walter Art Gallery, con obras de Rembrandt, Poussin, Degas, Picasso o Gaugin, imprescindibles para los amantes del arte.
A los scousers les apasiona el deporte. Aunque la ciudad es famosa por los torneos de golf, rugby o carreras de caballos, lo que verdaderamente les apasiona y siguen como una religión es el fútbol. Los habitantes sienten pasión por dos equipos que están en primera división de la Premier y tienen la peculiaridad que ambos estadios se encuentran uno la lado del otro el en barrio obrero de Anfield, alejado del centro de la ciudad. Los seguidores azueles pertenecen al Everton FC mientras que los rojos son forofos del Liverpool FC. Este último, posee uno de los campos más visitados: el Anfield Stadium. Por supuesto se puede hacer un tour donde se puede ver el museo que explica su historia (tiene expuestos sus 18 titulos de liga y las cinco copas de la Champions), la sala de prensa, el vestuario y el campo.