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Un paralelismo en clave futbolística

Puerta-sol

“Sed realistas, pedid lo imposible”. Bajo este eslogan decenas de millares de ciudadanos se manifestaron por las calles de París durante el llamado Mayo del 68. Sus protestas, salvando las distancias y el contexto, muestran cierto paralelismo con lo que hace tiempo llevaron a cabo diversos colectivos autodenominados “indignados”. Más allá de entrar a debatir la legitimidad de sus demandas, lo cierto es que ambos movimientos han tenido cierta incidencia en el mundo del fútbol. Mientras los indignados han expresado actitudes ambivalentes sobre el mismo, los manifestantes parisinos lo tomaron como bandera de sus reivindicaciones. El posicionamiento de los indignados es, como decía, discordante. Por un lado, un sector ha lanzado críticas severas aduciendo la creciente mercantilización del fútbol y su instrumentalización por parte del poder. Un análisis recurrente gestado entre cierta intelectualidad que, parafraseando a Marx, identificó este deporte como el sedante perfecto de las inquietudes ciudadanas. O sea, el fútbol como nuevo opio del pueblo en versión 2.0. Pero entre los indignados también se han dado muestras de empatía hacía el deporte del balón: solo así se entienden las celebraciones que se dieron en la acampada barcelonesa la noche en que el Barça consiguió su cuarta Copa de Europa en Wembley, con mucho indignados luciendo la elástica azulgrana mientras formaban parte del cordón de seguridad que preservó de altercados el campamento de Plaça Catalunya. Por su parte, algunos profesionales también han tomado parte activa en el movimiento. Dos jugadores del Rayo Vallecano se han adherido al manifesto promovido por los manifestantes de la Puerta del Sol de Madrid, mientras el extremo lerídano Jofre Mateu (Real Valladolid) colaboraba con los acampados pucelanos. Una situación que contrasta con la vivida cuando los parisinos salieron a la calle en 1968. Como muestra, el caso de las decenas de futbolistas profesionales y amateurs, liderados por los redactores de la revista Miroir du Football, con François Thébaud a la cabeza, que durante cinco días ocuparon la sede de la Federación Francesa de Fútbol, situada en la Avenida Iéna de la capital gala. Entre sus reclamaciones se encontraba la derogación de los contratos que ligaban los futbolistas con su club hasta cumplir 34 años, que dieron pie a Raymond Kopa, delantero del Stade de Reims, a comparar su situación con las de los esclavos. Precariedad laboral, eliminación de privilegios de los dirigentes, mayores cotas de libertad… estas fueron algunas de las demandas de los futbolistas durante Mayo del 68. ¿Pedían lo imposible o simplemente reclamaban justicia? ¿Eran realistas o utópicos? Lo cierto es que sus peticiones, lejos de perder vigencia, han sido recogidas en los manifestos publicitarios por los indignados. ¿Piden lo imposible?