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El último líder

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Un tipo que sabe de vinos, como Alex Ferguson, no bebe con cualquiera. Aquella tarde de 1996 eligió un salón privado del Midland Hotel: fachada red, arquitectura victoriana, centro pijo de Manchester. Una sala sin cuadros ni fotos, aséptica para los businessmen londinense que la pueblan a diario con reuniones pegados de hora… y una cueva mítica en la historia del Manchester United: allí firmó Eric Cantona su pasaporte red devil. Un hotel clasista por dentro y rojo por fuera, donde se hallaban tres tipos a los que muchos acusan exactamente de lo mismo: Tony Blair, entonces líder laborista y a un año de convertirse en primer ministro, su gurú en comunicación, Alastair Campbell, y el propio Ferguson, con diez años ya de experiencia en el banquillo del Man U. O sea, de los tres, el más famoso. Tony Blair finalizaba su asalto para quitarle la caspa a la izquierda inglesa a base de champú New Labour. Ferguson, copa en mano, le daba un par de lecciones sobre el liderazgo, como recuerda él mismo en una entrevista com Alastair Campbell aparecida en NewStatesman: “Mientras consigas que toda tu gente clave pueda permanecer en una misma habitación al mismo tiempo, no tendrás problemas”. Una década mas tarde, trabada una sólida amistad y una admiración recíproca, Tony Blair volvió a llamar a coach Ferguson. La habitación se le había ido de las manos. El capitán de su equipo, Gordon Brown, responsable de economía, pugnaba por hacerse con su cargo. ¿Qué harías si tuvieras un jugador brillante pero realmente difícil causándote problemas?” “Me desharía de el” “¿Y si después de deshacerte de él lo siguieras teniendo en el vestuario y en la plantilla? “Eso ya sería otro problema”… El propio Tony Blair relata la anécdota en sus memorias. Ferguson siempre vio Blair en el terreno de juego como un “delantero centro”. El perfecto killer. A su juicio, Gordon Brown, no pasaría de “mediocentro defensivo”. Si las elecciones son como una competición de futbolistas a ver quién vende más camisetas, ¿a quién elegiría la gente? ¿A Wayne Rooney o a Darren Fletcher? Pues eso. Alex Ferguson siguió entrenando al United llevando muchos años sin que nadie se le suba a las barbas. Tony Blair perdía el gobierno meses más tarde sin elecciones de por medio en manos de Brown. Y éste, líder mediocre, rubricó el hundimiento del laborismo cual López Caro en el banquillo madridista: el hombre equivocado en el lugar equivocado. El fútbol, la política, las carreras de caballos y el vino son, por este orden, las pasiones de Alex Ferguson. Y es igual de desmedido con cualquiera de ellas. En España, como entrenador de fútbol, se lo perdonarían todas menos una: ser socialista. Furibunda, genética y vocingleramente socialista. Con el cadáver de Zapatero caminando sobre el caballo como el Cid, Sócrates fuera de Portugal y Alemania, Reino Unido, Francia e Italia en manos del centro derecha, a la izquierda europea sólo le queda un mandamás de peso: Alex Ferguson. Eso sí, a la hora de la verdad, su criptosocialismo obrero sigue cayendo frente a esa izquierda leída, burguesa y con corbatas finas de Guardiola. Dos Champions a cero. Y lo del Barça es de gauche, que esos juicios no los carga el diablo, sino del propio Pep: “hacemos un juego muy de izquierdas, todos hacen de todo”. Pero Sir Alex es como un viejo sindicalista: nunca se desmoraliza. Y disfruta haciendo campaña, como un hincha caminando el domingo hacia Old Trafford con el City esperando en los vestuarios. Y no se esconde. Mayo de 2011. El Labour se huele la catástrofe en las elecciones al Parlamento de Escocia. ¿Solución? Llamar el escocés más famoso, con permiso de Sean Connery (por cierto, gran defensor del independentista SNP y rival político de Fergie). El partido identificó 10.000 hogares “electoralmente indecisos”, que recibieron una misiva firmada de su puño y letra por un tipo con 12 Premierleagues en el bolsillo. Por el estilo, o la escribió él mismo o un asesor muy bueno: “Estuve en Alemania el martes jugando contra el Schalke, en España viendo el Real Madrid-Barcelona el miércoles y de nuevo a casa para ver a los jóvenes del United contra el Arsenal el jueves. Pero no importa lo ocupado que esté. Siempre encuentro tiempo para saber qué está pasando en Escocia. No sólo en la escena futbolística. También en política. El jueves es un gran día y espero que mi equipo, el Labour Party, saque un buen resultado”. Y no se trataba sólo de un eslogan político-futbolero. Ferguson disertaba después sobre cómo conseguir que Escocia vuelva a generar empleo y se lanzaba a una diatriba anti-independentista con más intención que un centro con rosca de Ryan Giggs: “Leo mucha Historia y hay muchas evidencias de que en tiempos de dificultades económicas, el auge del nacionalismo puede ser un gran error … Sería una distracción de lo que realmente le importa a la gente: economía, empleos, escuelas y hospitales. El Labour es el mejor equipo para las familias escocesas”. Al final, el morrazo de Iain Gray, candidato laborista, fue notable y los nacionalistas obtuvieron la mayoría absoluta. Pero Ferguson sudó la camiseta. ¿Os imagináis Pep Guardiola mandando un mensajero similar a los votantes de ERC? ¿O Vicente Del Bosque, un progresista que siempre ha mantenido sus convicciones políticas lejos de los focos, firmando pasquines del PSOE? ¿Os imagináis a los tertulianos de Intereconomía desosando y chupando luego las altas del que osara dar un paso semejante? Ferguson vivió sus colores desde joven. “Mi padre era de izquierdas, así como la mayoría de la gente de donde vengo. Nací en un barrio obrero de Glasgow, Govan, y nunca perdí el sentido de la comunidad. Crecí creyendo que el laborismo era el partido de los trabajadores y lo sigo creyendo”. Y sabe lo que es currar. Mientras marcaba goles como delantero en el Queens Park de Glasgow, trabajaba en los astilleros de Clydeside, donde era enlace sindical… y ya impartía ordenes: llegó a encabezar un paro ilegal en lucha por mejores condiciones salariales. Pero, además de la sudorosa herencia de familia, Ferguson recuerda una imagen que le hizo guardar al Labour la misma fidelidad que al Manchester United: “Mi madre estaba muriendo en noviembre de 1986, dos semanas después de llegar al United. Agonizaba en el hospital Southern General de Glasgow. Un horro, los revestimientos colgando de las cañerías, doctores y enfermeras explotados… y muy poca dignidad en todo aquello. Siempre he visto al Laborismo como el partido que provee la mejor Sanidad para la gente y los Tories como los que se preocupan sólo por los ricos. El NHS (la seguridad social británica) está definitivamente mejor tras 12 años de Laborismo”. Su conclusión tiene algo de simplona, como un niño definiría una película de buenos y malos. Vive y piensa la política como el fútbol. Como un hincha. Así es Ferguson. Carné red, camiseta red, carrillos red. A Ferguson le tocó vivir las mieles del New Labour gracias a un Tony Blair que hizo posible “la unión entre socialismo y éxito”. Una definición que bien podría aplicar a su modo de conducir el United. La retórica seductora del ex primer ministro nada tiene que ver con los rudos modales del escocés malhumorado, pero ambos trazaron a la perfección el camino hacia el éxito, liberaron sin temblores a los suyos, cortaron cabezas cuando tocaba, controlaron la comunicación con maestría y dejaron siempre claro quién mandaba: ellos mismos. Ferguson no está solo. Igual que los buenos entrenadores que triunfan en Italia son casi siempre de derechas (Helenio Herrera, Trapattoni, Fabio Capello, Mourinho), y en la aburrida y despolitizada España no hablan de sexo ni política en publico, en Inglaterra los mas grandes siempre han sido de izquierdas o escoceses. O ambas cosas a la vez. En octubre de 2009 se hizo una encuesta en Inglaterra para conocer a los mejores entrenadores de todos los tiempos. Ganó Ferguson (26%), por delante del intruso Bobby Robson (14% debido a su fallecimiento tres meses antes), Bill Shankly (9%) y Bryan Clough (8%). Ferguson y Shankly nacieron en Escocia. Los dos, junto a Clough, siempre proclamaron con orgullo sus ideas laboristas. ¿Casualidad? No tanto. Hasta que a finales de los 80 empezó a ser cool, el fútbol siempre fue el deporte de las clases obreras británicas. Los potreros argentinos o las favelas brasileñas se sustituían aquí por un sentimiento de comunidad anclado en la santísima trinidad británica: familia, barrio, equipo de fútbol. De ahí salían los jugadores que, años después, se convertirían en entrenadores. Como la santísima trinidad de los banquillos british: Ferguson, Shankly y Clough. Bryan Clough no sólo ganó dos veces la Copa de Europa con el Nottingham Forest. También fue el mejor opositor a Margaret Thatcher que guió el Reino Unido en la década de los 80. De hecho, su primera Copa de Europa fue en 1979, cuando la mujer que doblegó a todos los sindicatos británicos obtuvo el poder. Solía decir que fue para robarle titulares. “Lo único que aún no ha prohibido esta mujer es votar laborista”, dijo una vez. Él mismo pudo comprobarlo, porque rechazó dos veces ser candidato del centroizquierda, pero no dudó en ponerse en primera línea junto a los piquetes durante las huelgas mineras. Mientras, Kevin Keegan y Emlyn Hughes le plantaban un beso en la mejilla a la Dama de Hierro en el 10 de Downing Street con la selección inglesa. Una de las raras veces que se vio sonreír a Thatcher, embutida en un horrible vestido de motas verdes mientras sostiene un balón. Lo que han cambiado los tiempos. Esperanza Aguirre, en semejante tesitura, se habría puesto los calzones de los pross y empezado a dar toques… “Mi socialismo viene del corazón”, comentó en 1968, cuando era un jovencísimo entrenador del Derby County, “tengo unos ahorros en el banco, una casa confortable y cosas bonitas a mi alrededor. No veo razón alguna para que los demás no tengan el mismo que yo”. Su utopía fue más futbolística que política: conseguir que en Inglaterra se jugase algo parecido al tiki-taka. En España, hoy, puede parecer tan común como que la abuela enchufe Sálvame. Pero en los 80 y en las Midlands… Clough también se crió en un socialismo genético. A él le gustaba definirlo con ese toque entre Clemente y Groucho Marx: “Mis mejores Navidades fueron aquellas en que me tocó el muslo del pavo. No crean, tuve que esperar mucho. Éramos ocho en familia y el pavo solo tiene dos muslos”. Familias humildes, en las que nunca faltaba de nada, pero sobraba todavía menos. Esa dignidad del sillón con remiendos pero el felpudo exterior de casa siempre impoluto en la que crecieron los mejores estrategas del fútbol de las Islas. El irreverente y lenguaraz Clough siempre fue un amante de la utopía: y no sólo en fútbol y política. Consiguió por ejemplo que Nottingham y Derby tuvieran algo en común: la carretera que les une, llamada Bryan Clough Way, en memoria del entrenador que más alto llevó a los equipos de dos ciudades que se detestan. Toda una forma de dejar su sello. Aunque le puede hacer competencia su gran amiga Margaret Thatcher, presidenta de honor del Blackburn Rovers sin que nadie sepa muy bien por que? La tercera hoja del trébol rojo del fútbol británico fue Bill Shankly, el hombre que hizo del Liverpool un mito en los 60 y primeros de los 70 con el mismo patrón que Clough: humildad, buen juego y frases para la posteridad. Escapó de las galerías bajo tierra y las caras tiznadas de Glenbuck (Escocia) gracias al fútbol. Nunca dejó de encarnar los valores, la idiosincrasia y el misticismo de los mineros, que han dado tantos buenos futbolistas como primeras líneas en rugby, en una época en que el Laborismo y la clase obrera empezaban a sufrir sus primeras crisis de pareja… Eran tiempos de crisis, la industria del carbón empezaba a costar más que a producir y la izquierda austera del primer ministro Harold Wilson, un intelectual que fumaba en pipa, no era muy bien entendida por tipos que se ciscaban en el Gobierno y se refugiaban el fin de semana en su pinta de cerveza y el juego ofensivo de los reds del Mersey. “El socialismo en el que creo es el de todo el mundo trabajando en pos de un mismo objetivo y recibiendo una recompensa por ello. Así veo el fútbol. Así veo la vida”, dijo Shankly. Tres tipos auténticos. Tres visones parecidas de tres generaciones de la izquierda y del fútbol británico. Tres tipos hoscos capaces de poner a una tropa de niñitos malcriados a sus órdenes como si fueran obedientes gurisa. “Creo que es porque mantuvimos los valores del tipo de sitio donde nacimos”, explica Ferguson: “trabajo duro, trabajo en equipo y principios sólidos”. Los tres entendieron, como Alfonso Guerra, que lo de las asambleas es para la Puerta del Sol, pero que un partido debe dirigirlo un líder. Musa Okwonga, en Will you manage? The necessary skills to be a great gaffer, definía los entrenadores en Inglaterra como “Estados de un solo partido”. Con “dictadores” se habría ahorrado cuatro palabras. Ferguson lo explica a su modo: “El día en que pierda el control de estos multimillonarios en el vestuario, estoy muerto”. Guerra lo hizo al suyo: “El que se mueva no sale en la foto”. En su biografía del coach del Man U, Patrick Barclay lo define como “un dictador de la convicción”. Sabe hablar a los futbolistas en su idioma, con sus aires de abuelo gruñón. Una de sus frases favoritas para los recién llegados a Old Trafford es: “Cuidare mucho de que cuando vuelvas a visitar tu madre vea a la misma persona que ella me envió. Si no entiendes toda esta fama y este dinero, tu madre estará muy decepcionada contigo”. Lógicamente los tres, Ferguson, Clough y Shankly, mientras predicaban a favor de la clase trabajadora, no tuvieron problemas en vivir como lo que eran: ricos del fútbol. Muchos se lo echaron en cara y todavía lo hacen con Alex Ferguson, como aquí en España algunos se lo reprochan a Valdano. Si un socialista puede presidir el Fondo Monetario Internacional, ¿porqué un socialista no va a entrar al club más rico del mundo? El entrenador red responde abrazándose a la ética del protestantismo: “Claro que es posible compatibilizar el bienestar con mis ideas políticas. Sigo manteniendo amistades de mis otros tiempos y siempre lo haré. He ganado mucho dinero, pero he trabajado duro y pagado mis impuestos”. Hace poco, preguntaron a Alex Ferguson por dos entrenadores franceses que van ganado enteros, los líderes de la Francia campeona del mundo del 98, Laurent Blanc y Didier Deschamps. Se deshizo en elogios. Hacia el final, explicó su peculiar porqué: ambos venían de una buena escuela: “Los dos tuvieron la suerte de trabajar con Aimé Jacques, un buen tipo, un socialista de verdad”

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18.01.14 Arsenal v Fulham

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Two goals by Santi Cazorla in five second-half minutes saw a plucky Fulham side fall to defeat to league leaders Arsenal. After Mesut Özil had seen an early chance cleared from near the line by Brede Hangeland, the Whites actually enjoyed the better of the opening 45 minutes. Steve Sidwell almost put Fulham in front with a fierce drive from distance that Wojciech Szczesny did well to palm away, before Alexander Kačaniklić’s heavy touch sent him to close to the Arsenal goalkeeper as he looked to latch onto a Dimitar Berbatov throughball just before the break. Arsenal made the breakthrough in the 57th minute, though, when Cazorla slotted home Jack Wilshere’s cross and the little Spaniard made it 2-0 shortly afterwards with a low shot from just outside the box. Substitute Darren Bent squandered a golden chance to score a late goal for Fulham when he shot wide of an open goal under pressure from Laurent Koscielny and the result leaves the Whites hovering just above the relegation places and still looking for their first-ever win at the home of Arsenal. René Meulensteen made six changes to the side that lost 4-1 at home to Sunderland last Saturday. In came Maarten Stekelenburg, Brede Hangeland, Dan Burn, Kieran Richardson, Ashkan Dejagah and Kačaniklić. It was Burn’s league debut for the Whites after two impressive outings in the FA Cup with Budweiser games with Norwich City. Arsenal should have gone in front in the fourth minute. Özil played a one-two with Wilshere to have a clear sight on goal. As Stekelenburg came out to narrow the angle, Özil scuffed his shot and Hangeland was able to scramble clear from near the goal line. Serge Gnabry then shot wide with an ambitious effort but, having weathered that early storm, Fulham began to enjoy a long spell of possession. A well-worked move saw Dejagah get to the byline but his low cross towards Kačaniklić was turned behind for a corner by Per Mertesacker. Scott Parker took the full force of an Özil free-kick in the face in the 19th minute when he blocked the German’s effort, before Olivier Giroud worked his way into space but curled a left-footed shot from the edge of the box well over the bar. Sidwell came close to putting Fulham in front in the 26th minute. After Berbatov’s cross was only cleared as far as Sidwell by Bacary Sagna, the midfielder let fly from 25 yards with a rising half-volley that Szczesny did well to palm away with his right glove. The Whites were continuing to frustrate the Gunners with some confident play and Sascha Riether sent Dejagah scurrying clear in the 32nd minute, but Szczesny was quick to race off his line and dive at the winger’s feet. Stekelenburg kept the scoreline goalless in the 38th minute. After Cazorla’s free-kick was blocked by the Fulham wall, the ball fell to Sagna whose effort through a crowd of players was parried away by Stekelenburg. Giroud was first to the rebound and Stekelenburg leapt up to brilliantly block his close-range shot, although the offside flag had been raised. A quick break by Fulham in the 42nd minute could have had better consequences. Richardson did well to dispossess Sagna and launch the ball forwards. Berbatov showed superb control to bring the ball down before releasing Kačaniklić. The Swede burst forwards but a heavy touch let him down and sent him away from goal, with Szczesny racing off his line to save at the winger’s feet. It was the last noteworthy action of a half from which Fulham could rightly claim to have been the better side. Fulham began the second half as they’d started the last. An early Dejagah corner created something of a scramble with Burn’s header nodded clear from near the line by Giroud. At the other end, Gnabry cut inside from the right before hitting a left-footed drive that Stekelenburg palmed away. Burn and Sidwell then cleared two shots off the line in a mad scramble in the Fulham box but Arsenal were in front shortly afterwards in the 57th minute. Cazorla played the ball to Giroud on the edge of the box before making his way into the area. Giroud played a short pass to Wilshere on the left and his low cross was poked home from right on the penalty spot by Cazorla. It was 2-0 to Arsenal in the 62nd minute. Nacho Monreal’s cross from the left was headed clear by Hangeland but only as far as Cazorla whose low shot from the edge of the box beat the outstretched left arm of Stekelenburg to find the far corner. Meulensteen responded by bringing on midweek goalscorer Bent in place of Dejagah as Kačaniklić switched to the right and Clint Dempsey to the left. With 18 minutes remaining, Riether made a good block on a Lukas Podolski shot as the Arsenal substitute threatened to score seconds after coming on. A minute later Podolski let fly from 20 yards but saw his fierce left-footed drive pushed onto the post by Stekelenburg. Kačaniklić was replaced with four minutes remaining by Pajtim Kasami, before Parker saw a long-range effort fly well wide. Fulham could have grabbed a consolation in injury time when Bent ran onto a lofted Burn ball and bundled through Szczesny. With the goal gaping, Koscielny got back to put Bent off and the forward could only send his shot wide. Dempsey saw a shot deflected just wide in stoppage time and Kasami forced Szczesny to grab his free-kick at the second attempt before the final whistle sounded to send Fulham to defeat.

24.08.13 Fulham v Arsenal

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A debut goal from Darren Bent proved to be little consolation for Fulham on Saturday afternoon as Arsenal left Craven Cottage with a 3-1 win. The damage had already been done by the time the England international reacted first after Dimitar Berbatov’s shot had been saved, with an Olivier Giroud effort and Lukas Podolski’s brace putting the Gunners firmly in the ascendency. The scoreline was somewhat harsh on the Whites, who dominated for long spells of the match, but it was ultimately Arsenal’s clinical finishing that earned the North London side the points. There were several positives for Manager Martin Jol to take though, with new arrivals Adel Taarabt, Scott Parker and Bent all bringing something different to the team. Jol made three changes to the side that defeated Sunderland a week ago, as David Stockdale and John Arne Riise replaced the injured Maarten Stekelenburg and Kieran Richardson, while Parker was handed a debut at the expense of Derek Boateng. The rain was torrential as both sides struggled to get the ball under control on the zippy surface, with Podolski seeing the game’s first shot deflect wide for a corner with five minutes gone. Moments later, good work by Pajtim Kasami saw him win the ball back on the edge of his own area before beating an incoming Arsenal man to the follow up to play in Berbatov. The Bulgarian switched play to Taarabt who was chopped down 30 yards from goal by Carl Jenkinson, but Riise’s subsequent free-kick was never troubling Wojciech Szczesny. A neat through ball by Tomas Rosicky found an unmarked Theo Walcott in the area on 10 minutes, but Stockdale was out quickly to turn the England international’s effort behind for another corner. Out of nothing the visitors took the lead on 14 minutes when Aaron Ramsey’s speculative effort fell fortuitously to Giroud who collected well before clipping a neat effort beyond Stockdale. The Whites responded well though and came agonisingly close to equalising two minutes later only for Szczesny to make a great double save, firstly to deny Taarabt, before blocking Damien Duff’s follow up. Good hold-up play by Giroud on 20 minutes allowed him to play Santi Cazorla in on the edge of the area, but the Spaniard’s effort was straight at Stockdale who saved comfortably. Taarabt was causing the Arsenal defence all manner of issues with his trickery and he won a free-kick in a dangerous position on 25 minutes, but Kasami’s set-piece deflected harmlessly into Szczesny’s arms. Fulham were by far the better side but were just lacking in the final third, as was evident again in the 28th minute when Duff did well to rob his man 30 yards from goal, but his pass to Berbatov had too much pace on it for the striker to get it under control. Loanee Taarabt was clearly eager to impress and he tried his luck once again on 29 minutes, fizzing a left footed drive wide of Szczesny’s far post. A beautiful team move on the half hour mark presented Parker with his first chance in a Fulham shirt as he bent Berbatov’s first time lay off over the bar with his weaker left foot. Almost everything was going through Taarabt and the Morocco international had a go on his right foot this time, bending an effort into Szczesny’s arms on 32 minutes. After Fulham went close once again to an equaliser on 38 minutes when Riise flashed an effort across goal, the Gunners almost doubled their lead instantly on the counter when they had a plethora of men forward. It was eventually Kieran Gibbs who got a shot away, but his effort sailed some way wide. Cruelly on the hosts, Arsenal doubled their lead four minutes before half-time through Podolski. It was particularly harsh on Stockdale who had made a fine save to keep out Walcott’s initial strike, but Podolski was there to thump home the rebound from just inside the box. As one minute of added time was announced, the Gunners had a clear opportunity to add a third to their tally, but Podolski’s angled cross-cum-shot was neither goalbound or likely to find a teammate. The rain had ceased somewhat as the second half began with Kasami showing great strength and skill to beat Cazorla and set up a Fulham break. He played the ball to Berbatov who fed Taarabt, with the playmaker turning well to beat his man before forcing a smart stop from Szczesny. Parker showed that he has attacking qualities as well as defensive in the 51st minute when he rode three Arsenal challenges to make his way into the area, only to see Bacary Sagna make a late sliding tackle to deny him a sight of goal. A slick counter attack from Arsenal three minutes later saw the ball worked to Walcott down the right, but Riise did well to match him for pace before getting in a vital sliding block. A great cross by Gibbs was then met by Walcott who headed back into the path of Ramsey, who saw his powerful shot deflected away for a corner. Fulham fans got their first glimpse of new loan signing Bent just before the hour mark when he was introduced in place of Duff, with Jol making his second change shortly after when the impressive Taarabt was replaced by Alexander Kacaniklic. The best chance of the second period came on 66 minutes when Parker slid Sascha Riether in down the right. The full-back played a sharp pass back to the edge of thee area, but Berbatov seemed to put Kasami off as the Swiss youth international snatched at his shot to send it wide. And Arsenal showed their clinical edge for the third time two minutes later. Following Fulham’s attack, the Gunners broke swiftly after Giroud did brilliantly to pluck a high ball out of the air before finding Walcott. He fed Cazorla who in turn played it back to Podolski, with the German lashing the ball into the far corner, leaving Stockdale with no chance. Arsene Wenger then made his first changes of the afternoon, as England midfielder Jack Wilshere replaced Rosicky, before left-back Nacho Monreal took the place of goalscorer Giroud. Parker was booked for a late challenge on Cazorla with 72 minutes played, with Giorgos Karagounis coming on for Steve Sidwell a few minutes later. Fulham were handed a lifeline with 13 minutes remaining courtesy of a debut goal for Bent. Riether dinked a sublime ball into Berbatov inside the area and when Szczesny could only parry his shot, Bent was on hand to tap into an empty net. The Whites pushed for a way back into the match but it was Arsenal who came closest to grabbing another goal when Walcott smashed one goalwards with Stockdale getting in the way well to keep the score respectable.

C’era una volta Highbury…

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Nonostante sia stato a Wembley nel 92 per la disgraziata finale con il Barça, il mio primo vero contatto col calcio inglese risale alla stagione 94/95 quando mi recai a Highbury per la semifinale di andata della ormai scomparsa Coppa delle Coppe tra i padroni di casa dell’Arsenal e la Sampdoria. Come tutti voi sapete fu amore a prima vista, il pre-match nei pub di Islinghton, le colonne di fumo che si alzavano dai venditori ambulanti di hamburger, le urla “match programme” dei venditori, quell’ambiente tanto diverso dal nostro e per finire l’impressionante Highbury…nascosto tra le case…carico di storia con quell’ambiente incredibile che mi fece innamorare definitivamente del calcio d’oltremanica. Non ero mai stato a Emirates, avevo avuto varie occasioni ma alla fine avevo preferito ripiegare su altri campi, avevo rivisto i Gunners, ma in trasferta e l’ultima volta proprio qui a Barcelona in Champions League. Anche quest’anno, nonostante avessi diverso tempo a disposizione ho cercato di restarne lontano anche se alla fine non ho resistito e cosí eccomi a fare il percorso che giá fatto e rifatto molte altre volte: King’s Cross, Caledonian Road, Holloway Road….Arsenal! Gillespy Road…esco dalla metro e faccio un profondo respiro, vado verso sinistra e passo davanti al Supporters Club, mi sembra di vedere Baso che viene a prendermi sulla porta, mi sembra di vedere la bancarella di programmi di Andrew Miller…invece niente…é un venerdí pomeriggio in un quartiere residenziale di Londra Nord. I turisti si fiondano a destra in direzione Emirates…io preferisco andare a sinistra e sporgermi in qualsiasi posto possa avere una piccola vista di quello stadio che mi fece innamorare. Per chi non lo sapesse gli Stand del vecchio Highbury sono stati rimodellati e adibiti ad appartamenti e dove c’era il campo oggi c’é un grande parco dove i proprietari possono passare il tempo. Mi infilo un pó ovunque, anche in quella che una volta era l’entrata principale del East Stand, entro, chiedo il permesso…faccio foto…groppo in gola. Esco, torno sui miei passi, prendo Highbury Hill per ammirare la vecchia entrata del West Stand e, sorpresa, trovo un cancello aperto…non resisto e entro….un tuffo al cuore, un signore anziano mi vede e mi chiede se voglio entrare…mi apre e facciamo una passeggiata per quello che una volta era il campo, arrivo al centro, guardo la Clock End, poi mi giro verso la North Bank e mi sembra ancora di sentire il “no one to the Arsenal” ruggire dalle tribune. É arrivata l’ora di andare, saluto la mia improvvisata guida turistica e faccio come gli altri turisti… vado a Emirates ma dietro di me ho lasciato la storia, il mito, la leggenda…