La gran familia Española

Muchos dicen que el antídoto para un país en crisis -como el nuestro-, lo que se necesita es una buena comedia para olvidar las penas. Está claro que Daniel Sánchez Arévalo, hábil director de dicho género para el gran público, ha encontrado con La gran familia española la fórmula perfecta para combatir contra ese desánimo. Un plato preparado lleno de ingredientes variados, para todos los apetitos, sean futboleros o no. Y no tan cómico como su póster deja imaginar. Y es que el cuarto largometraje de Sánchez-Arévalo no es ni de largo lo que a primera vista parece: no estamos ante una película sobre la Selección Española ni tampoco sobre una boda española. Sí ante un ejercicio de ironía sobre varios de los clichés de nuestra cultura –la del fútbol y de la barra libre- que sirve para hablar de algo de más calado. Como en todo, la teoría –en este caso la premisa- es muy bonita; la práctica –el resultado cinematográfico- a veces deja mucho que desear. Sería ilógico pedir a un producto como La gran familia española un sello autoral, pese a que Sánchez-Arévalo trate en ocasiones de resaltarlo. Lo cierto es que algunos momentos presentan una mirada formal sorprendente, como por ejemplo ese plano fijo y larguísimo de tres personajes hablando a cámara. Pero lo que más descoloca es que estos detalles –si lo quieren- autorales se vean barridos por una puesta en escena, en su mayoría, mecánica y televisiva. Suponemos que es el precio a pagar para que ese plato del que hablábamos sea del gusto de todos. Cinematografía a parte, si algo destaca positivamente de esta película es un guión que, sabiendo perfectamente en qué liga juega, maneja con pasmosa habilidad las emociones del espectador, a quién conduce a lo largo de sus tres actos por caminos de incerteza que, finalmente, logran romper con lo previsible. Gracias a un elenco de actores en estado de gracia –en especial, Verónica Echegui y Antonio de la Torre-, el cineasta madrileño consigue que sus objetivos se cumplan más que positivamente. Nos encontramos ante una película que, pese a su voluntad comercial, retrata con cierta gracia un país que, entre otras muchas cosas, cada vez enferma más en cuanto al cine se refiere. No es esta película el mejor ejemplo del nuevo cine español, eso es evidente; pero tampoco una muestra de lo costumbristas y poco autocríticos que acostumbramos a ser. La gran familia española podría definirse, pues, como un retrato irónico y tierno de un país que, como el padre de la familia protagonista, resta moribundo viendo como el futuro de sus hijos depende, ante todo, de las ganas de mantenerse unidos, de actuar con el corazón.

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Pubblicato il 10 ottobre 2013, in Cinema con tag , , , , . Aggiungi il permalink ai segnalibri. Lascia un commento.

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