05-09.12.12 Amsterdam

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En Amsterdam abundan los lugares vinculados al arte. El Museo Van Gogh alberga la mayor colección del mundo del artista, nacido en la ciudad. A unas manzanas, en el Rijksmuseum están expuestas La lechera de Vermeer, La ronda de noche de Rembrandt y otras obras de la Edad de Oro. El Museum het Rembrandt acoge más obras de Rembrandt, y el Stedelijk Museum rescata a Mondrian de entre su colección de arte moderno. Y cuando urge la necesidad de ver algo descomunal, el Hermitage Amsterdam (que de momento hospeda al Museo Van Gogh en obras), hermano pequeño del de San Petersburgo, expone maravillosos tesoros de la colección original de Rusia.
En Amsterdam desplazarse en bicicleta es un modo de vida. Así se va al trabajo, de compras o a una cita. Hay tantas tiendas de alquiler de bicicletas que el viajero no tendrá problemas para dar una vuelta. Cuando los lugareños no viajas sobre dos ruedas, a menudo lo hacen en barco. Con tantos canales y un puerto enorme, esta ciudad ganada al mar ofrece un sinfín de oportunidades para navegar; basta con subirse a una barcaza (mejor con el techo abierto si por supuesto no está nevando o haciendo un frío polar) o a uno de los feries gratuitos que zarpan desde detrás de la Central Station. Amsterdam es conocida por su gezellig, una cualidad holandesa que se traduce como “cordialidad” o “calidez”, y que, en realidad, es más fácil de sentir que de definir. Parece como si el tiempo se detuviera, una intimidad del aquí y el ahora, como si se dejaran los problemas a un lado. Esta sensación se puede experimentar en varios contextos, pero si hay un lugar donde poder experimentarlo fácilmente es en un bruin cafe, llamados así por sus revestimientos en madera y paredes impregnadas del humo de tabaco de siglos, y donde se sirve magnífica cerveza. En los restaurantes también se experimenta el gezellig, donde las sobremesas se alargan a luz de las velas.
El compacto centro de Amsterdam está repleto de callejuelas y barrios con mucho ambiente, ideales para perderse y topar con sorpresas como un jardín escondido, una tienda de lazos de terciopelo, una destilería de jenever (ginebra holandesa) o un viejo monasterio convertido en auditorio. Allá donde el viajero termine posiblemente habrá un canal. Y un café. Y un edificio con un tejado de dos aguas como sacado de un cuadro de la Edad de Oro. Personalmente me ha gustado pasear una mañana por el Prinsengracht. Las casas flotantes se balancean, se oyen los timbres de las bicicletas, los vendedores de flores ordenan cuidadosamente su mercancía… Resulta sencillo imaginarse la época en que los barcos cargados de especias atracaban frente a las viejas casas de los mercaderes. Me encanta cómo se sirve la cerveza en Amsterdam, con una buena capa de espuma, y poder disfrutarla bajo un molino de viento en plena ciudad. Me fascina que incluso la más minúscula de las sandwicherias cuida al máximo cada detalle. También me gusta que el Barrio Rojo esté junto a la Oude Kerk (la iglesia vieja). Sin duda, Amsterdam es única.

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Pubblicato il 13 dicembre 2012, in Trips con tag , , , , , , , , , , , , , , . Aggiungi il permalink ai segnalibri. Lascia un commento.

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